Lamento (como cada poema de Sydney West) que hasta hoy no he podido entrevistar a Juan Gelman.

Tuve fortuna de transcribir “Cólera Buey” para la reedición de Posdata Editores 2011. Actualmente surfeo entre lamentos y muertes, pájaros y árboles “Los Poemas de Sydney West. Traducciones III (1968-1969)”, reedición 2012, Colección Versus, también del sello Posdata Editores.

Pero no he podido aún entrevistar a Juan Gelman. Pasa que me salva su poesía, desconocida para mí antes de 2011 que de su pluma sólo periodismo conocía. Su poesía me salva aunque el poeta Gelman me diga que no, me salva por la fusión en mundo alterno, casi esquizoide que leer su poesía me produce, me rescata con sorpresa entre cruel disfrute cuando fina ironía y sutil estancia entre llanto o contención de; me revive indiferencia ante comunes dramas, juegos e inventos, y me retorna del extravío con estética sensible que a veces duele. De todo perder todo ello me salva la poesía de Juan Gelman.

Debe tener razón a pesar de salvarme con su poesía, porque se trata de algo individual que desencadenan algunas lecturas, elegidas por cierta guía preferencial (en lo personal me instalan en cierto mood), seguramente vinculado a memoria, vivencias y asuntos personales, entre otras variables propias de cada lector, creo.

Hace un par de meses, escenario Monterrey, NL, México, Feria Internacional del Libro, no-lugar cercano a la sede, mediodía. Espero en lobby exterior del hotel que hospedará a Juan Gelman, quien asiste para presentar Los Poemas de Sydney West. Tengo el libro hace media hora y leerlo parecería desatención a mis acompañantes, también poetas, Héctor Carreto e Iván Trejo. Se suma en el sitio de espera el dramaturgo y periodista Gabriel Contreras.

Arriba Gelman quien ha afirmado exprofeso de este viaje particular, considerando la hora de vuelo, aeropuerto y demás, que “las cuatro de la mañana es hora de irse a dormir, no de levantarse a tomar un avión”. Tiene antes de la presentación de su poemario, reeditado por Posdata, algunas horas Gelman para comer, dormir y descansar, y alguna entrevista.

Pánico o algo cercano, cuando me ofrece Iván Trejo que yo entreviste después de Gabriel Contreras, a Juan Gelman. Despido prejuicios y hago lectura rápida suficiente como borrador mental de un par de preguntas. Pero enviste de nuevo, reloaded, el miedo a la entrevista deseada, imaginada, posible y cuya aparente inminencia me hace sentir tan miserablemente ignorante, tonta, llorona (la poesía de Gelman me hace llorar, como alguna música, como cierta obra de arte).

juangelmanBreve prólogo con Gelman sonriente. Frente a su mirada azul mi cobardía extendiendo pretextos verdaderos. Pronuncio lo mejor que puedo, una especie de pregunta “¿la poesía salva?”. Juan Gelman contesta que no, y que esa no es pregunta. “Pregunta dos”: (de intro “quizá no es pregunta pero…”) con el título tuve duda en un momento primero, en si es poemario de tu autoría o traducción. Juan contesta que sí es pregunta, pero no responde y tampoco un tercer planteamiento, acaso el más verdadero, con prefacio del libro: La traducción ¿es traición? / La poesía ¿es traducción? // Po I-Po. Pregunta como silogismo: “¿La poesía es traición?”.

Abro mi alma (lamento este romanticismo) y confieso a Gelman que su poesía me hipersensibiliza, que no sé qué preguntar, que para mí leerlo es ya vivencia pero oír de su voz esos poemas es único e irrepetible. Me mira Juan Gelman y su sonrisa corrobora mi creencia: no puedo entrevistarlo.

Pero han transcurrido algunas horas y ahora, en la sala de presentación de Los Poemas de Sydney West, Gelman relata la confusión que desde su primera publicación suscita el título y sin poder reproducir el cómo, me queda clara la respuesta a mis dos preguntas, respuesta que por cierto sólo puede tener cualquier lector después de Los Poemas de Sydney West (si es traducción o traición). Luego el autor que no he podido entrevistar hasta hoy, lee en voz alta algunos poemas de su libro, de los que rescato algunos versos, con un poco de desorden:

empezó a llover vacas

y en vista de la situación reinante en el país

los estudiantes de agronomía sembraron desconcierto

esto ocurrió mientras al mismo tiempo

un oleaje de nostalgia invadía las camas del país

y las parejas entre sí se miraban como desconocidos

y varios perros asentían y brindaban con armenio coñac

y a un hombre lo encontraron muerto varias veces

Gelman, J. Los poemas de Sydney West. P 7. Lamento por la muerte de Parsifal Hooling (fragmentos). Posdata Editores. México 2012.

 

decía stanley hook y se tocaba la garganta

como raspándose el crepúsculo que entraba y avanzaba y le ponía el pecho gris

gris la memoria feo el corazón

esa noche naturalmente stanley hook se murió

antes le dio terribles puñetazos a las paredes de su cuarto en representación de sí mismo

mientras el sapo sólo el sapo todo el sapo

seguía con el jueves

Gelman, J. Los poemas de Sydney West. P 16. Lamento por el sapo de Stanley Hook (fragmentos). Posdata Editores. México 2012.

 

todas las palomas de la tarde perseguían a vernon vries y era maravilloso

verlo huir de tanta crueldad o blancor

pero él creía hacer esfuerzos para volar con ellas

y en realidad hacía esfuerzos para volar con ellas pobrecitas

Gelman, J. Los poemas de Sydney West. P 18. Lamento por los ojos de Vernon Vries (fragmentos). Posdata Editores. México 2012.

Me instalo en zona de confort cuando percibo emoción en la audiencia, porque ya no parezco tan sensiblona entre esta otredad de hombres y mujeres, que en silencio bajan la vista, o filman con celulares, entre sus miradas húmedas sorprendidas, confirmo: la poesía de Juan Gelman (y más en su voz) es viva e irrepetible, voz lectora de sus poemas, de Juan Gelman a quien dos veces he querido entrevistar sin lograrlo, pero quizá me miento y ésta, es a mi estilo, especie de crónica entrevista.

 

// Adriana Balandrano