Pablo (seudónimo para velar su identidad) llegó a ser muy conocido entre sus compañeros, maestros y los padres de familia de la escuela privada, donde cursa el quinto grado de primaria.
Su fama la debía al acoso y maltrato que ejercía contra sus iguales. Aunque las quejas sobre su comportamiento eran constantes, su madre nunca acudía al plantel y su padre consideraba como problema del resto no saber defenderse de los ataques de su hijo.
A lo largo de este año, el Observatorio escolar contra bullying en el Distrito Federal, México, comenzó a intervenir con un programa piloto en 5 escuelas primarias, una privada y cuatro públicas, entre ellas la de Pablo.
Las asociaciones civiles y autoridades educativas en la capital, integrantes del organismo, formaron estudiantes de quinto y sexto grados como Mediadores Escolares, una práctica que hasta ahora era ejercida sólo por profesores y que ha tenido mucho más éxito con los menores, según Gloria Irias, de la organización de Educación, Redes y Realidades.
Después de participar en uno de los siete talleres de preparación, donde se trató el tema de la empatía y la autoestima en grupo, Pablo reconoció que lo que menos le gustaba era que lo presionaran en casa con ser el mejor y que no había cosas bonitas en su vida.
Como parte de la dinámica del taller todos los participantes lo abrazaron y le escribieron y pintaron sus cualidades en un trozo de papel, que ahora tiene pegado en su papelera. A partir de ello, Pablo se convirtió en uno de los 10 Mediadores Escolares de su grupo y de ser agresivo ha pasado a ser punto clave para la resolución de conflictos entre sus compañeros.
Igual que él, más de 100 estudiantes de primaria se han empoderado positivamente, han aprendido a mediar sus propios conflictos y en los del resto con las habilidades psicosociales que han adquirido, entre ellas el manejo de límites.
Gloria Irias dice que son los propios estudiantes quienes se autoproponen o se rolan para participar como Mediadores y ejercer actividades de vigilancia en el recreo, en los pasillos y en las propias aulas e incluso entre ellos establecen acuerdos, “Los niños solucionan mejor las cosas que cuando interviene la mano adulta, incluso ya no tienen que esperar a que llegue el conflicto sino que aprenden a identificar qué puede convertirse en conflicto desde el principio”, asegura.
Durante junio terminará de pilotearse el programa y el propósito –a partir del próximo ciclo escolar- es extenderlo hacia los primeros grados de primaria, pero también conseguir que se establezca en otras escuelas de la capital.
Aunque el Reglamento de la Ley para la Promoción de la Convivencia Libre de Violencia en el Entorno Escolar del DF, señala que la Secretaría de Educación local, en coordinación con instituciones públicas federales, deberá promover la formación de docentes como Mediadores Escolares, esto ya se venía realizando desde hace casi tres años.
Irias explica que las jornadas de capacitación para promotores de la no violencia y el buen trato en la comunidad educativa han formado a algunos docentes con un enfoque de género y han servido para resolver conflictos de forma pacífica, y se han integrado grupos de profesores que son sujetos de capacitación y otros con artistas, cineastas y población en general, incluso se han empleado un par de horas de la junta de Consejo Técnico que tienen las escuelas cada viernes último de mes para trabajar el tema.
El propósito, explica, es sensibilizar a los docentes sobre el bullying, enseñarles los factores de protección, como la resolución pacífica de conflictos, que aprendan a manejar los límites en las aulas y conozcan sus responsabilidades legales, sus derechos y los de los estudiantes para que sepan intervenir adecuadamente cuando se registren casos de acoso o maltrato escolar.
Directores de al menos tres secundarias públicas de la capital mexicana, quienes piden no revelar sus nombres por temor a represalias, coinciden en que ante casos de bullying la labor de maestros es canalizar a los alumnos con orientadores, sicólogos y prefectos, considerando que ser Mediados Escolares, como lo indica el Reglamento de la Ley, implicaría una carga extra de trabajo a los profesores de sus escuelas y restaría su tiempo de clases.
“Se convertiría en carga extra, les quitaría un poco de tiempo en enseñanza porque todos los niños estarían acudiendo a ellos y se convertirían en orientadores, el maestro debe ir a lo suyo, sin perder de vista los casos y canalizarlos”, afirman.
En una de las escuelas la directora admite que los maestros sí necesitan capacitación en el tema, aunque de manera continua reciben cursos sobre educar para la paz: “el 70% de nuestros maestros están muy interesados en esto”. Explican que para atender esta problemática ellos mismos ofrecen cursos a su personal.
El secretario de Educación del Distrito Federal, Salvador Martínez Della Rocca, considera que los maestros deben mediar en los conflictos entre estudiantes. Para Martínez Della Rocca, la raíz del problema de bullying se encuentra en un tejido social destruido y el fondo del asunto es cómo hacer para reconstruirlo: “eso sólo se hace con educación, cultura y ahí el maestro juega un papel muy importante”.
El funcionario se refiere al profesor común, al que da clases de biología, de español, al de educación física y considera que “si se excluye de los conflictos que está viendo no se le puede llamar maestro”.
Sobre la cédula de identificación que se elaborará de los estudiantes que generan bullying, el funcionario dice que el plan es llevar un expediente de los niños y que todas las instancias conozcan los detalles del caso y, en ese sentido Gloria Irias explica que la cédula tendrá un manejo confidencial, que el objetivo de la ley es prevenir y por tanto no tiene un enfoque punitivo y añade que la propia Ley de violencia a mujeres considera la expedición de una cédula similar para víctimas, concluye el artículo de Mónica Archundia, aquí reproducido y publicado en El Universal y El Porvenir.
// El Porvenir


