Ahora que has bebido tu trago, “espero que tengas algo de tiempo y la mente muy abierta”, asevera con suspenso uno de los personajes de la novela más reciente de Josu Iturbe, Río Subterráneo, publicada por Santillana dentro de la colección “Suma de letras”.
Río Subterráneo es una apuesta interesante que retoma el género de la Novela Negra aderezada con guiños a otras variedades literarias como el Terror, la Ciencia ficción o la Novela Policíaca, creando una narración clara, entretenida y sin embargo cruda; pues se sitúa en el contexto de un México donde, además de las terribles circunstancias de violencia acarreadas por el narcotráfico, coinciden los paisajes de una ciudad de Mérida sitiada por las creencias apocalípticas de las profecías mayas.
En una entrevista telefónica realizada por el Staff de la revista P.D. con el autor, se le cuestionó sobre esta interesante relación entre el relato de la historia política y de la violencia contemporánea en México, entretejido con los mitos apocalípticos propios de nuestro tiempo, los cuales se han gestado de manera colectiva al estilo de las historias narradas de antaño, cantadas y aderezadas por los mismos Cuentacuentos con elementos fantásticos.
El autor afirmó que la obra está construida con el fin de “resolver las angustias del presente en México”, las cuales, según Iturbe van “desde la violencia y la crisis, hasta la idea de que pueda ocurrir algo con las profecías mayas”. “Atraje todo lo que se me ocurrió que podía ser atractivo para ayudar a desarrollar el misterio de la trama”, afirmó el escritor.
Con una narración que se adentra en el tema de la seducción, la maldad y desde la mirada incorruptible del personaje que representa la justicia, el Staff de P.D. preguntó al autor si existe algún fondo aleccionador dentro del contenido ético de la novela, a lo que contestó:
“Moraleja más que ética. El personaje del policía típico yucateco es un tipo al que le gusta la buena comida y no tiene muchas angustias. Él representa el mensaje positivo, plantea cómo se puede vivir de otra manera sin pensar siempre en el poder, el dinero, o cambiar de carro cada año. El personaje simboliza la reflexión implícita del lector de volver hacia él mismo y ver la responsabilidad que tiene sobre sus actos y la vida, tocando temas que están en la novela sin estar ahí, como el hiperconsumo, la destrucción de la vida natural, etc.”.
“Hasta los protagonistas son terribles”, afirma Iturbe, “el ex terrorista y la hija del narco, esposa además del Rey de las anfetaminas, no han tenido el criterio moral para discernir sus acciones y han participado en crímenes. Esto ocurre mientras el lector se siente identificado con ellos, pues son el centro de la novela, a pesar de ser esencialmente ‘malos’”. El policía, que actúa como espectador, “un tipo decente”, es descrito por el autor como un personaje que tiene una ética y una moral “agnóstica”, pues no cree en supercherías y no es religioso, no se basa en cuestiones sobrenaturales para saber lo que es “hacer el bien” y “confronta dilemas morales para resolver el misterio de la trama de la mejor manera posible”, expresó el autor.
A pesar de que el texto utiliza recursos de géneros como el Terror o la Ciencia ficción, el formato original es el de la Novela Negra y Policíaca, ya que de acuerdo a Iturbe, le permiten hacer aproximaciones críticas y recurrir a aspectos narrativos que “muchos análisis políticos o ensayos que deberían ser más sesudos con respecto a la realidad social, no logran”.
Finalmente, el Staff de P.D. preguntó al escritor si desde la perspectiva del contenido moral, la novela sería: ¿denuncia o relato?. “Básicamente —apuntó el autor— es una novela de entretenimiento para llevarse a la playa y pasar el rato. Sí retomo estos elementos morales, sin embargo creo que la misión de toda obra, sea literaria o artística, es finalmente estética. La obra tiene que ser apreciada, personajes, trama, acciones y atmósferas se construyen bajo el entendido de que existe alguien que leerá la novela. Desde la primera página, la intención es que el lector sea atraído por este mundo que se ha creado para él”.
“No escribo para los demás” —afirmó el escritor, retomando el dicho de García Márquez: Escribe para que te quieran. “Pero, igual no escribo para que me quieran, escribo para que me lean”, replicó. “En otras novelas mis intereses eran auto expresivos o tenían que ver con la búsqueda de lo original, pero en esta no. Se trata de una total búsqueda de conectar con el lector a través de los personajes, hacerle guiños de humor, jugar con él y permitirle que termine el acto completando la obra”.
Escribir una historia trepidante, narrativamente atractiva, es equiparable a crear una obra artística para Iturbe, quien además de escribir disfruta de producir y recrearse con el arte contemporáneo. “En las obras plásticas algunas se conciben para que alguien las vea y las complete. El que ve la obra cierra el círculo y genera una relación”, reitera el autor, finalizando que si bien “escribir para meter el texto en un cajón no tiene sentido”, el acto creativo es la única propuesta que tiene la cualidad de darnos la sensación que hay un ‘más allá de la vida’, un lugar distanciado de la barbarie del ser humano, masacre, violencia, fosas comunes. “Sabemos que todos vamos a morir”, sostiene Iturbe, más “el arte es lo que sostiene la vida”.
// Staff Posdata


