Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

La Musa combate los demonios del Poeta, no los puede exorcizar. Darren Aronofsky ha logrado lo imposible: ver la creación artística no a través del escritor, sino de Inspiración. Mother! es una canción desesperada a Musa, también una celebración y una condena. Para que la Obra nazca, Musa tiene que incendiarse, morir.

¿Hay una alegoría bíblica en el filme? Obvio. Es necesaria para estructurar el andamiaje narrativo. Aronofsky bien pudo usar cualquier mito, de la Epopeya de Gilgamesh al Popol Vuh para fortalecer su crítica a la devastación emprendida por los seres humanos contra Natura. Para quienes temen que el universo se le deshaga entre las manos, la bíblica es la mejor interpretación de la película, aunque sea una lectura superficial.

En su “Arte Poética”, el chileno Vicente Huidobro escribió sobre la creación: “Estamos en el ciclo de los nervios… El poeta es un pequeño Dios”. En su arte combinatoria, Aronofsky despliega cada acercamiento, cada secuencia, cada desnudez de Inspiración intentando “desarmarla”, “caracterizarla”. El director cinematográfico no nos insulta con una Estética, nos celebra con una Erótica: erotismo visual.

Después del paraíso perdido de Poeta ­–incendiado–, la Musa reconstruye palmo a palmo, alimento a alimento, el hogar edénico. La casa de la creación, para que le funcione al escritor, debe de reconstruirse en un orgullo orgánico. Asexuado y deshabitado, Poeta tiene que reinventarse y sólo Inspiración le dará la comodidad requerida.

La invención del paraíso es la invención de su destrucción. Al primer lector (un encomiable Ed Harris), invasivo, no le basta con el conocimiento de la obra, necesita el reconocimiento del autor. Del hipócrita lector, de ese semejante, emerge el fan, y los fans se multiplican. Gestualmente más Lilith que Eva, Michelle Pfeiffer es el ebrio contrapunto de Musa.

Quien se queda sin sus demonios se queda solo, pudo haber escrito Antonio Porchia. Para avanzar, Poeta convoca a sus demonios y ahí empieza el declive de Inspiración. Sometido al refugio y al confort, Poeta es anfitrión de sus lectores: sin lector no hay escritor. Poeta no sólo abraza sus demonios, abraza sus lectores. El crecimiento de la Obra es el declive de Musa.

Perverso, Aronofsky hace del thriller, thriller; del decorado, rasgadura; de la escenografía, derribo. La utopía de Musa se resuelve en distopía en Poeta. Al desmenuzar a Inspiración, Darren resuelve el enigma: la creación no es refugio, es intemperie, incendio, o no es. Por eso la Obra, el hijo, tiene que ser devorada por los lectores. En efecto (multiplicados Mark David Chapman), el lector y el fan en la civilización del espectáculo devienen en actor, en protagonista.

Esperpéntico, Aronofsky trasciende la coreografía geométrica de The Wrestler y la coreografía abisal de Black Swan en el concerto grosso del caos en el Caos cuando la multitud se apropia de la casa a la más extravagante manera de Fura dels Baus. El multiculturalismo de los lectores subvierte y la aclamación se convierte en clamor negativo. La Obra, ese manjar sagrado, transmuta al lector.

¿Cuál es la anatomía de la influencia en Aronofsky? ¿Cuáles son los préstamos de los que se ha allegado Darren? Luis Buñuel. Mother! rememora a El ángel exterminador, pero también a Viridiana. Sobre esta película, respondió Buñuel ante las críticas: “las imágenes se encadenaron en mi cabeza, unas tras otras, formando una historia. Pero nunca tuve la intención de escribir un argumento de tesis que demostrara, por ejemplo, que la caridad cristiana es inútil e ineficaz. Solo los imbéciles tienen esas pretensiones”. Sin ambages, Aronofsky podría prolongar el argumento con Mother!

Interpretar únicamente desde “Génesis” a Mother!, es rebajar su Estética a una Ética y, desde la polisemia, eso es inválido: la teología absuelve, no resuelve. Musa cierra y encierra; Poeta abre, hospeda y camina por el bosque. Musa confronta su edificación contra el movimiento del mundo: cerrojo y llave. Poeta escribe y entrega su Obra al universo lector. Estática, Musa desea permanecer; errático, Poeta fluye. Siguiendo a Bachelard en La poética del espacio, la casa de Musa es revestimiento de armadura, seguridad, celda. La residencia de Poeta es infinito, aventura, mundo: “La geometría se trasciende”.

La imagen final es surrealista: al devastar, el fuego purifica, por eso el corazón, la piedra que palpita. Las llamas transfiguran en ceniza a Inspiración, pero iluminan a Poeta, ambos, Inspiración y Poeta, arden. Sin pecado no hay expiación. El ciclo se cumple, vendrán otras bellas musas a continuar la Obra, el Poeta –horrible trabajador de sí mismo– suscribirá: “Yo es Otra”. Por eso Octavio Paz: “En su primer movimiento la inspiración es aquello por lo cual dejamos de ser nosotros; en su segundo movimiento, este salir de nosotros es un ser nosotros más totalmente”.

Por fortuna, Aronofsky con Mother! no nos ayuda a encontrarnos, nos incita a perdernos. Si la Academia no la premia, no es problema de Jennifer Lawrence, es problema de la Academia. Javier Bardem, la gestualidad del toro enamorado de la luna, impecable. Aronofsky, vidente, cumple la profecía de Rimbaud (viendront d’autres horribles travailleurs). Mother!, obra maestra de Aronofsky. Consagro en nuestro círculo de Inferno a Darren. Bienvenido.