«While we deny death, the morbid has a supreme attraction for us.»

Susan Sontag, As Consciousness is Hardessed to Flesh.

Con el nombre científico «Asteroide 99942» el planetoide Apophis surcó el cielo en 2013 a una distancia segura de la órbita terrestre, y su retorno se espera para 2029. Apophis, gigante de textura rocosa, navegante solitario que danza en el silencio del espacio, nos remite a las fuerzas maléficas que habitan las tinieblas: “Apofis” encarnaba el caos en la mitología egipcia como una serpiente indestructible cuyo fin era aniquilar el orden cósmico. Es su visita a nuestra órbita la que anticipamos como expectativa última de la vida moderna: estar presentes en el fin de los tiempos.

En 2007, el Centro para el Estudio de Objetos Cercanos a la Tierra (Center for Near Earth Object Studies) publicó el resultado de los cálculos presentados por los investigadores en NASA/JPL, Caltech y el Observatorio Arecibo sobre el más reciente examen del tránsito del asteroide 99942, las cuales se publicaron en el diario científico Icarus. El estudio formal del retorno de Apophis asegura que su paso en 2029 no será peligroso, y sin embargo ofrecía un trago amargo para una aproximación futura hacia 2036, donde “su trayectoria sí podría afectarnos”, sostuvieron. Finalmente, en 2013 un estudio subsecuente eliminó esta posibilidad, arrancando de nuestras butacas otra proyección apocalíptica. 

Nos sobran suficientes predicciones para el fin de los tiempos, tanto como abundan culturas alrededor del globo. No hay que olvidar que todo mito de origen está anclado a su par escatológico. A tan sólo unos clics, podemos ver toda clase de listados de los Apocalipsis más populares en Internet, cuya enumeración crece si incluimos las publicaciones sensacionalistas y toda la literatura de las estanterías de librerías y tiendas de revistas. Los finales trascienden el tiempo, en el medioevo se enlistan, por ejemplo: la alineación planetaria de 1524, el libro de las profecías de Cristobal Colón, los del astrólogo Pierre d’Ailly; entre otros.

Aunque solemos ver a la magia y la astrología de la Edad Media como una época oscura, estas disciplinas estaban cimentadas en principios matemáticos, y sus practicantes eran estudiosos como Campano de Novara. Sin embargo, fue hasta la gran escisión producida por el racionalismo, que presenciamos las dimensiones de una posible aniquilación, como la que el control de las órbitas cercanas de asteroides tiene bajo la lupa de la ciencia moderna. Hacia su descubrimiento en 2004, se estimaba que Apophis tendría un porcentaje de 2.7% de probabilidad de impacto contra la Tierra en 2029, sin embargo, se estima que en un futuro incierto habrá un acercamiento histórico a nuestro planeta.

La ruptura iniciada en el medioevo rumbo a la construcción de la era moderna, emerge en parte con las proposiciones científicas y filosóficas de René Descartes, quien pone a tambalear el papel de una institución tan grande para la seguridad ontológica del ser humano como lo era el cristianismo en Occidente. La herencia filosófica de Descartes destacó en el desarrollo de las ciencias y las artes, más su legado dejó abierta una herida: si ya no existía un afuera sobre el cual sostener toda certeza —no hay tal omnipotencia infinita—la modernidad implicó la sustitución del lugar del poder divino con el emplazamiento del hombre mismo como principio y fin último de todas las cosas: el cogito sum de Descartes. Al no haber una sujeción a la entidad omnipresente del dios cristiano, el aseguramiento y estabilidad del saber del hombre están en sus propias manos.

Sobre esta herencia de la modernidad, Heidegger sostenía que si bien con Descartes arrancaba el nuevo mundo, este inicia su declive a partir de Nietzsche, la fascinación con el fin del mundo podría operar como el grado último de certeza y aseguramiento: yo soy en cuanto veo el fin. La entropía es el último viaje de la vida moderna, más allá de su horizonte se oculta el destino de los hijos del futuro. Mientras las miras de la ciencia anulan a cada instante el sueño del dominio del sujeto en nuestra época, las evidencias apuntan a que la construcción de nuestro ego es un accidente, una ilusión de unicidad que es cada vez más profundamente revocada: Scientific American y otras publicaciones científicas aseguran que hay más bacterias que células humanas (eres más bacteria de lo que eres tú). En este hábitat vive el fantasma del Yo, nuestro cuerpo es un como pequeño planeta.

¿Por qué nos es particularmente importante teorizar la catástrofe, trazar su mapa estelar, hacer toda suerte de predicciones? Nuestra voluntad tendría su expresión máxima si pudiéramos ser los protagonistas del fin del mundo, y no sólo de la Tierra, sino del universo. Lo que buscamos está más allá del horizonte e implica que no permitiremos que el horizonte nos sobrepase. Hijos del futuro, olvidamos que, como dijo Schopenhauer: «La Tierra gira desde el día a la noche; el individuo muere: pero el Sol abrasa sin cesar el eterno mediodía». Así como lo ilustra la cita que abre este texto: mientras tratamos de evadir la muerte, lo mórbido traza un camino irresistible para nosotros, y el fin último de todas las cosas nos situaría en el ojo de la tormenta como espectadores y protagonistas de una de las más grandes utopías del hombre moderno: mirar la desaparición de todas las cosas.  

 

Recursos:

“El dominio del sujeto en la época moderna”, “El cogito de Descartes como cogito me cogitare”, “El cogito sum de Descartes” en Nietzsche II. Traducción de Juan Luis Vermal. Barcelona, Destino, 2000, pp. 118-123, 124-132, 132-139.

“Nosotros los doctos, parágrafo 207” en Más allá del bien y del mal. Traducción de Andrés Sánchez Pascual. Madrid, Alianza.


“Primer Tratado: § 13, Segundo Tratado § 9” en
La genealogía de la moral. Un escrito polémico. Traducción de Andrés Sánchez Pascual. Madrid, Alianza, 1975 pp. 10-11.

“¿Qué es el romanticismo?”, “Nosotros los apátridas” en Gaya ciencia. Traducción de Germán Cano. Madrid: Biblioteca Nueva, 1999.pp. 161-163y 167-168

El mundo como voluntad y representación. Traducción de Pilar López de Santa María. Madrid, Trotta, 2003, § 54, 57, 62 y 68, pp. 161-167, 179-183, 191-199 y 214-224.

Sontag, Susan, y David Rieff. As consciousness is harnessed to flesh: journals and notebooks, 1964-1980. New York: Farrar, Straus and Giroux, 2012.

Material electrónico:

Wenner, Melinda. “Humans Carry More Bacterial Cells than Human Ones.” Scientific American. November 30, 2007. Accessed June 18, 2017.

https://www.scientificamerican.com/article/strange-but-true-humans-carry- more-bacterial-cells-than-human-ones/.

“Predicting Apophis’ Earth Encounters in 2029 and 2036.” NASA. Accessed June 18, 2017. https://cneos.jpl.nasa.gov/doc/apophis/.