Por Sheila Hernández


Quienes estudian literatura tienen una fascinación por la forma en que la lengua se transforma en ideas, formas, paisajes, poesía. Sin embargo, las mujeres de esta disciplina, disfrutan sin igual al descubrir los textos de escritoras, lo que las mueve a desear que otros lean estas joyas que se encontraban ocultas.

No es de sorprender que Clara Janés, poeta y una de las siete académicas de la RAE, nos vuelve a traer, después de treinta años, la antología de las primeras poetisas de nuestra lengua. 

En el prefacio, Janés nos adentra a los motivos que la llevaron a juntar a estas poetisas en esta antología, donde la entonces directora de la Biblioteca Nacional, Gloria Pérez -Salmerón, le propuso una exposición en torno a los retratos y la escritura de las mujeres en nuestra lengua.

“Con entusiasmo profundicé en las salas de Iconografía y de Manuscritos, descubriendo tesoros inesperados. Ahora buscaba no solo poetas y retratos sino cuando rodeaba, ponía de manifiesto y se hacía eco de este suceso: en nuestra tierra, la mujer escribía desde el momento en que pasó del empleo del latín al romance” expone Janés.

De esta forma, cuarenta y tres son las poetisas que componen esta obra. Algunas son muy conocidas como De Florencia Pinar o Sor Juana Inés de la Cruz, pero también ha textos de Teresa de Jesús, María de Zayas, sor Ana de Jesús (destinataria del Cántico de San Juan de la Cruz) y Antonia de Nevares, hermana del último amor de Lope de Vega, padre de sor Marcera de San Félix, autora de El jardín del convento. Y además del “Félix de México”, hay una lisboeta: Violante Do Ceo; una peruana: Amarilis, y una napolitana: Luisa Manrique.

La variedad formal es notable. Encontramos sonetos, octavas, romances, villancicos, letrillas, madrigales, sátiras, liras, décimas… Más allá de las obras indiscutibles (la de la santa de Ávila o la magistral de Sor Juana Inés de la Cruz, de la que se incluye completo Primero sueño), destacaría la “Epístola a Belardo”, de Amarilis; el soneto “Al marqués de San Felipe”, de Euterpe o el primero de Leonor de la Cueva; los poemas de las extremeñas Luisa de Carvajal y Catalina Clara Ramírez de Guzmán; y el “Himno en desprecio del mundo”, de Sor Hipólita.