Por Sheila Hernández

Sam Shepard, uno de los dramaturgos estadounidenses más importantes e influyentes de su generación, murió el pasado jueves 27 de  julio en su casa de Kentucky. Tenía 73 años. Un portavoz de su familia anunció la muerte el lunes, diciendo que la causa era complicaciones de la esclerosis lateral amiotrófica, o enfermedad de Lou Gehrig.

Sam Shepard, dramaturgo ganador de Pulitzer y actor nominado al Oscar, interpretó en la vida multitud de papeles: rockero, cowboy, actor marginal del teatro off-off Broadway o de grandes producciones de Hollywood, guionista y dramaturgo de gran calado y rigor, o narrador de extraordinaria precisión en obras como sus fragmentarias y emotivas Crónicas de motel (1982).

Autor de más 40 obras de teatro, Shepard obtuvo el Premio Pulitzer en 1979 con El niño enterrado, primera parte de su Trilogía de la familia, así como optó al Oscar al mejor intérprete de reparto por Elegidos para la gloria, en 1983.

El cine también desempeñó un papel importante en su vida; fue nominado a un Oscar como mejor actor de reparto por su papel en Elegidos para la gloria, de Philip Kaufman, en 1983. También trabajó con Terrence Malick, Volker Schlondorff, y Ridley Scott. Una de sus contribuciones más celebradas fue su trabajo como co-guionista de Paris, Texas, dirigida por Wim Wenders en 1984. “No hay nadie que escriba diálogos como él ni tampoco hay nadie que logre hacer visible como él la América oculta”, afirmó Wenders a propósito de su colaboración. Shepard también trabajó con Antonioni como guionista de Zabriskie Point.

Asimismo, actuó en más de 50 películas y tuvo más de una docena de papeles en la televisión. También fue autor de varias obras en prosa, incluyendo Cruising Paradise (1996), y las memorias Motel Chronicles (1982). Shepard, poseía un rostro estoicamente guapo y un marco robusto, Shepard se convirtió en una presencia familiar como actor en películas que incluyeron Days of Heaven (1978), The Right Stuff (1983) y Baby Boom (1987).

Como hijo de un piloto de bombarderos, Shepard fue a menudo lanzado en figuras militares, incluyendo el piloto de pruebas Chuck Yeager en The Right Stuff (1983) y Gen Garrison en Black Hawk Down (2011). Otro papel de pantalla memorable fue en la versión actualizada de Michael Almerayda de Hamlet (2000), en la que Shepard desempeñó el papel de Ghost, que algunos habían interpretado en la primera producción de otro dramaturgo-actor, Shakespeare.

Mientras que en  True West (1980), Food for Love (1983) y Buried Child desmanteló la iconografía clásica de los vaqueros y homesteaders, de las sueños americanos y de las vallas blanca, y reelaboró el paisaje de los desiertos.

En las obras de Shepard, la única verdad innegable es la del espejismo. Esto incluye cualquier noción reconfortante de familia, hogar, éxito material e incluso identidad individual. “Para mí, un fuerte sentido de sí mismo no es creer en mucho”, dijo Shepard en una entrevista de 1994 con The New York Times. Ese sentimiento de incertidumbre se tradujo en el diálogo de un lirismo poco común y algunas imágenes más extrañas y fuertes del teatro americano.

 

Vida personal

Buceador en los aspectos más oscuros de las relaciones humanas, en particular las amorosas, tampoco había en esto mucha distancia entre la vida y el escenario. Se ha escrito mucho sobre sus relaciones con Patti Smith, con quien escribió a medias en el Hotel Chelsea en dos noches Cowboy Mouth. O con Jessica Lange; tras un encuentro que parece el guion de una de sus piezas más atormentadas, tuvo después una relación que duró 30 años y dio como fruto dos hijos.

Pasado

Shepard nació el 5 de noviembre de 1943 en Fort Sheridan, Illinois, enclave militar donde estaba destinado su padre, a quien el dramaturgo caracterizó como “experto bebedor de profesión”. Durante la adolescencia lo que más le interesaban eran los rodeos y las carreras de caballos. En la universidad se matriculó, un poco por casualidad, en una clase de literatura, donde sus compañeros eran todos, conforme a su descripción, “unos beatniks gracias a los cuales descubrió el jazz, el teatro de Beckett, el expresionismo abstracto y las drogas”. Dejó los estudios universitarios al cabo de un par de semestres. Un día, hojeando el periódico local vio un anuncio de una compañía de teatro que buscaba autores. Se entrevistó con ellos y lo contrataron.

De vez en cuando hacían escala en Nueva York y en una de aquellas ocasiones decidió quedarse. Un antiguo compañero del colegio, Charles Mingus, hijo del legendario contrabajista de jazz, le ofreció compartir piso con él y le encontró trabajo como ayudante de camarero en el Village Gate, donde vio tocar a grandes del jazz como Thelonious Monk. Puerta con puerta de los clubes de música estaban los teatros off-off Broadway, para los que empezó a escribir piezas inspiradas en Beckett y Pirandello. El crítico del New York Post no supo bien qué decir de su primer estreno, Cowboys, que caracterizó como una especie de mezcla entre Esperando a Godot, y John Steinbeck. La obra de Shepard como dramaturgo es extraordinariamente amplia, rica y variada. Y como su vida, en algún lugar había siempre un toque teatralmente absurdo. Una de las anécdotas que más le gustaba contar es que el mismo día en que recibió un telegrama comunicándole que había ganado el Premio Pulitzer, el dueño del teatro donde se representaba El niño enterrado, tomaba la decisión de poner fin a los pases de la obra.

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