Por Eloy Garza

Un antropólogo norteamericano hizo un experimento en Sudáfrica. Invitó a unos niños de cierta tribu a jugar en un campo cercano al hotel donde se hospedaba. Llenó un cesto de manzanas y lo dejó al lado de un baobad, uno de los árboles más hermosos del mundo. El antropólogo le propuso a los niños un reto: correr hasta el baobad y el primero que llegara, tendría de premio el cesto de manzanas.

Los niños aceptaron el reto del forastero. Pero cuando recibieron su señal para salir corriendo, se tomaron de las manos. Llegaron juntos al baobad, se sentaron a un lado del árbol enorme y comieron entre todos las manzanas del cesto. El forastero se acercó a los niños y recibió una manzana redonda y roja que comió con ellos.

El antropólogo les preguntó por qué se habían tomado de las manos para llegar juntos a la meta. Y en coro, con los mofletes llenos de fruta roja, los niños le respondieron con una sola palabra: Ubuntu. Más tarde, el antropólogo se enteró de la traducción de este vocablo en zulu: “Yo soy porque nosotros somos”.

Hace años murió el hombre que mejor encarnó en nuestra época la palabra Ubuntu. Se llamó Nelson Mandela. Quiso poner en práctica en su país una simple idea: todos los hombres somos hermanos. Yo soy porque nosotros somos. Por esa idea estuvo preso 27 años. ¿Qué sería de México si pusiéramos en práctica la palabra Ubuntu?