Por Cordelia Rizzo

La muerte va y viene de los proyectos culturales de Nuevo León. El colapso de la industria cultural es incierto, pues al tiempo que la gran infraestructura se achica o muta, hay gente combativa. El caso Opus 102.1 era uno de protección cultural que imaginamos eterna.

A pesar de que el Presidente de CONARTE, Ricardo Marcos, se pronuncia en contra del cambio de Opus 102.1 a Radio Libertad, el mensaje gubernamental es ambiguo. Por un lado se crea el sistema de esferas culturales, y por otro se desahucia la radio cultural. El desmentido del Bronco este domingo 30 de julio no ayuda a aclarar el panorama y sólo es un regaño a las y los criticones. Muy habitual en él.

Me sabe amargo hablar sobre el ámbito cultural. Siento el peso de una responsabilidad de aportar para mejorar sus estructuras, salvar sus buenas prácticas y estar del lado de mis amigas amigos gestorxs.  Lo siento, aunque nadie me tire un lazo. Creo que ahí en la maquinaria cultural está un núcleo de producción de salud muy importante en medio de tanta violencia. Opus 102.1 había sido un espacio de producción radial sana. La música clásica siempre lo es.

Es cierto que muy poco del quehacer y programación de Radio y TV Nuevo León se ha actualizado. Tiene talentos perenes como Genaro Saúl Reyes, Javier Castillo y el don de voz de Josefina Benavides. Hay programas flojos. Sin embargo, cuando he leído discusiones sobre el futuro de la radio y el quehacer cultural, las propuestas escasean. Quienes siempre han estado ahí, callan, se agazapan, o nos tontean a las voces críticas, o son incapaces de ver más allá de su responsabilidad laboral específica.

Es importante que surjan propuestas desde la comprensión de una necesidad de evolucionar. Con una vista a vuelo de pájaro, no desde la singularidad del ámbito de cada quién. No hay verdadera escucha, o cruce, de las voces viejas, las jóvenes y las acomodaticias.

Hay algo chistoso que sucede en las discusiones de los periodistas culturales. Cuando está una con ellas y ellos en corto hablan profundo. A la hora de confrontarse en las redes sueltan un nivel de discurso mucho más limitado.

Es cierto que las estaciones de radio locales comerciales son pésimas. Cuando manejo en mi coche con radio, elijo poner lo más inocuo, porque me aturden los locutores machines. A veces opto por buenos programas de Frecuencia Tec, y si no siempre es garantía la música clásica de Opus 102.1. En mi caso aprendí a escuchar música clásica desde casa. Pero también sé que más allá de mí, la música clásica y las músicas populares salvan. Haciendo un buen uso de la infraestructura cultural para la iniciación musical y desarrollo de talentos musicales, se inician transformaciones comunitarias. De eso necesitamos más.

Se nos sigue saliendo delimitar la discusión como un conflicto entre ‘alta’ cultura y ‘baja’ cultura. Hay grandes proyectos como los diplomados en gestión cultural, la sala de lectura de Niñxs CONARTE, la apertura de la Adolfo Prieto. ¿Pero por qué no ha salido una avalancha de gente a defender la estación de música clásica? La radio es uno de los soportes de mayor penetración cultural y tradición. No es lo mismo perder la radio que un festival cultural anual o una presentación de la Ópera de Nuevo León en Monterrey (proyectos muy defendidos por CONARTE).

Creo que no nos aseguramos de que la gente hiciera suya los proyectos. Caso opuesto fue el de la Orquesta Infantil y Juvenil y el Ballet Folklórico Marcos Trinidad, que fueron defendidos por usuarios de los programas. Los hicieron durar mucho más tiempo de lo que el presupuesto asignó. Creo que la clave en ambos proyectos fue que tuvieron líderes que insistieron en el carácter colectivo de los proyectos culturales.

Me entristece mucho esta muerte cultural. No entiendo por qué si estamos tristes no comenzamos desde cero a ver de dónde se quebró el motor. Porque aunque sea un capricho electorero cambiar la estación, ese capricho se hace factible por una suerte de desgaste de Radio y TV Nuevo León de años.

Exploremos esta falta de amor comunitario (no amor personal) a una estación y su proyecto cultural. Ese amor no surge ni se sostiene solo. Se fomenta, se trabaja cada día, en cada edición de un programa de radio cultural, en la disposición a romper con la cultura de nichos de nuestro sector cultural.