Hoy se anunció la muerte del escritor Juan Goytisolo por causas naturales, de acuerdo a la agencia literaria Balcells. Goytisolo residía en Marrakech desde 1996, fue conocido por sus acérrimos mensajes disidentes a través de sus novelas y declaraciones públicas. La vida de Goytisolo no fue sencilla, perdió a su madre cuando era joven durante un bombardeo en Barcelona, fue censurado durante la dictadura de Franco, a causa de esto, se exilió en Francia y finalmente en el continente africano donde vivió hasta hace algunas horas.

El escritor de «nacionalidad cervantina», como se nombró en una entrevista al parafrasear a Carlos Fuentes, siempre abogó por los escritores que tenían una vocación genuina de escritor y no tanto por las personas que escribían y se preocupaban por su carrera literaria, es decir, a los que les importaba la fama, las riquezas y cosechar buenas relaciones con personajes públicos. En el 2014 se le otorgó el Premio Cervantes por «su capacidad indagatoria en el lenguaje y en sus propuestas estilísticas complejas, desarrolladas en varios géneros literarios; por su voluntad de integrar a las dos orillas, a la tradición heterodoxa española y por su apuesta permanente por el diálogo intercultural»(Premio Cervantes 2014) y en su discurso tomó elementos que han estado presentes tanto en su obra como en su vida, ¿qué es ser escritor? y ¿por qué se es escritor?

En términos generales, los escritores se dividen en dos esferas o clases: las de quienes conciben su tarea como una carrera y la de quienes la viven como una adicción. El encasillado en la primera cuida de su promoción y visibilidad mediática, aspira a triunfar. El de las segundas, no. El cumplir consigo mismo le basta y si, como sucede a veces, la adicción le procura beneficios pasa a de la categoría de adicto a la de camello o revendedor. Discurso completo de Juan Goytisolo, Premio Cervantes 2014. A la llana y sin rodeos.

Su paso por el mundo de la literatura siempre fue molesto para sus contemporáneos, la dureza de sus críticas creaba polémica y rechazo por ciertas facciones de la vida pública. Goytisolo criticó al gobierno, criticó a los encargados de gestionar la cultura, criticó, incluso, al Premio Cervantes.

En corto, la cultura ha sido sustituida por su simulacro mediático y nadie o muy pocos elevan la voz contra ese estado de cosas. La resignación y el conformismo con los poderes fácticos reinan en el campo literario como en los felices tiempos del franquismo. Mas lo ocurrido con el cervantes -empleemos la minúscula para evitar el ultraje a la memoria de nuestro primer escritor- no puede considerarse con todo un hecho aislado: se inscribe en un cuadro genérico de premios, recompensas, medallas, galardones, ditirambos y propaganda desaforada destinados a transformar en obras de arte unos partos de mediocridad escasamente áurea cuando no atentados mortales a la inteligencia y buen gusto. Vamos a menos, Juan Goystisolo 2001.

La voz del escritor disidente se va a echar de menos tanto en España, como en Marrakech. Juan Goystisolo tuvo una relación muy estrecha con los habitantes de la periferia porque él mismo se exilió ahí: vivió en los barrios de migrantes en París, ya en Marrakech, hablaba perfectamente árabe y el dialecto local, siempre denunció la injusticia social y mantuvo la convicción de que las palabras tienen un poder especial. Después de su muerte se le ha recordado como un luchador consciente y firme «Y, sobre todo, decidió no claudicar, ni un paso atrás, convencido de que la literatura también es una forma de tomar conciencia de un tiempo, hacia delante y hacia atrás, configurando un relato paralelo donde la excepción es la norma. Una especie de subversión.» ( El mundo, 2017)

Además del Premio Cervantes, ha sido acreedor a varios premios: Premio Octavio Paz de Literatura (2002), Premio de literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo (2004),Premio Nacional de las Letras Españolas (2008), Premio Rachid Mimumi de París a la tolerancia y a la libertad (1995), Premio Internacional Don Quijote de la Mancha (2010), por mencionar algunos.

Finalmente con su partida no dejemos de, como él dijo en algún discurso, de “cervantear”:«Cervantear, es dudar, y dudar nos ayuda a eludir el dilema que nos acecha entre la uniformidad impuesta por el fundamentalismo de la tecnociencia en el mundo globalizado de hoy y la previsible reacción violenta de las identidades religiosas o ideológicas.»

Adiós, Juan Goytisolo, que la tierra te sea leve.