El pasado 16 de mayo se conmemoraron 100 años del nacimiento del escritor Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, con su centenario se han recuperado memorias, textos, fotografías e incluso se han presentado nuevas ediciones de sus libros, además, surgió una novela que ha creado especial polémica en el mundo de las letras. El escritor nace, de acuerdo a él en Apulco y de acuerdo a su registro en Sayula, Jalisco, crece rodeado de los libros de un cura y posteriormente se traslada a Guadalajara y a la Ciudad de México.

Así como en Pedro Páramo, la vida de Juan Rulfo ha estado llena de voces y rumores. Sus libros han sido tan bien recogidos en extranjero como en México; casi a todos los estudiante en secundaria leemos “Luvina” o Pedro Páramo y casi nadie se da cuenta–hasta la tercera o cuarta lectura– que todos están muertos en Comala, México desde entonces, es un cementerio. La importancia de Juan Rulfo  es tal que conocemos las primeras líneas de la novela: «Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo», está incrustada en la memoria de, al menos, los jóvenes de mi edad.

La obra literaria de Juan Rulfo ha sido cuestionada por su pronto final, después de Rulfo ha habido muchísimos otros trabajos inspirados en él. Incluso, Augusto Monterroso, para homenajear a su amigo jaliciense, escribió un cuento titulado: “El zorro más sabio”

Un día que el zorro estaba aburrido y hasta cierto punto melancólico y sin dinero, decidió convertirse en escritor, cosa a la cual se dedicó inmediatamente, pues odiaba ese tipo de personas que dicen voy a hacer esto y lo otro y nunca lo hacen.

Su primer libro resultó muy bueno, un éxito; todo el mundo lo aplaudió, y pronto fue traducido (a veces no muy bien) a los más diversos idiomas.

El segundo fue todavía mejor que el primero, y varios profesores norteamericanos de lo más granado del mundo académico de aquellos remotos días lo comentaron con entusiasmo y aún escribieron libros sobre los libros que hablaban de los libros del Zorro. Desde ese momento el Zorro se dio con razón por satisfecho, y pasaban los años y no publicaba otra cosa.

Pero los demás empezaron a murmurar y a repetir:

¿Qué pasa con el zorro ?, y cuando lo encontraban en los cócteles puntualmente se le acercaban a decirle tiene usted que publicar más.

– Pero si ya he publicado dos libros – respondía él con cansancio.

– Y son muy buenos -le contestaban- por eso mismo tiene usted que publicar otro.

El zorro no lo decía, pero pensaba: “En realidad lo que éstos quieren es que yo publique un libro malo; pero como soy el Zorro, no lo voy a hacer”.

Y no lo hizo.

Claramente se entiende la alusión a Juan Rulfo y en cierta manera podemos entender el carácter tranquilo y humilde del escritor, ya que, no tenía que probar nada a nadie. Los libros que escribió los hizo con gran maestría y consideró que continuaría su vida ejerciendo otras profesiones. Además de dedicarse a la escritura, ha sido conocido por su fotografía y guiones cinematográficos, incluso, hay personas que conocen a Rulfo como fotógrafo y después llegan a sus letras. Otro aspecto que fue muy importante en su vida fue su colaboración en el Instituto Nacional Indigenista de México, donde tuvo funciones de editor de libros relacionados con los indígenas y también fue investigador de los pueblos originarios en el país.

Sin embargo, el hombre que creó Pedro Páramo y El llano en llamas ha desarrollado una intensa actividad en favor de los más desprotegidos, primero como empleado de la Secretaría de Gobernación en su juventud y luego, a través de una labor de varias décadas en el Instituto Nacional Indigenista (INI), cabecera de la antropología latinoamericana. (Entrevista “Juan Rulfo, el tiempo detenido” de Waldermar Verdugo Fuentes)

Se trataba de una persona con un perfil bajo que le gustaba simplemente involucrarse en lo que tenía sentido para él. A diferencia de algunos escritores, Juan Rulfo tuvo una vida modesta y en cierta forma, ermitaña.

Maestro, ¿qué similitud existe entre su obra y la de los escritores actuales?
—¡Definitivamente ninguna!
Maestro, ¿dónde aprendió usted a escribir?
—Eso no se aprende —luego venía siempre un sobrecogedor silencio en la sala que él no tenía la menor intención de quebrar, y otra pregunta:
¿Qué, pues, se necesita, maestro, para ser escritor?
Sólo una cosa: cultivar la inteligencia, y eso yo no lo he hecho jamás. Soy muy tonto.
¿Cuál ha sido su aporte a la literatura?
Ninguno… Eso no lo tengo que decir yo. En la Sala Netzahualcóyotl alguien le preguntó por qué no escribía más, respondiendo él con otra pregunta: —¿Y qué quiere usted que escriba?(Entrevista “Juan Rulfo, el tiempo detenido” de Waldermar Verdugo Fuentes)

Es por eso que en cierto modo, entiendo la postura tan polémica que ha tenido la Fundación Juan Rulfo: tajante y sin hacer un espectáculo por un escritor que ya ha muerto.

 

La Fundación Juan Rulfo se creó por la familia del escritor y fotógrafo, recientemente ha tenido roces con algunos eventos que intentan homenajearlo. Cristina Rivera Garza, escritora mexicana, ha sido una de las más afectadas con el lanzamiento de su libro Había mucha neblina, humo o no se… Todo comenzó en la Feria del Libro y la Rosa de la UNAM cuando la Fundación Juan Rulfo decidió no participar y pedía que no se utilizara el nombre de Juan Rulfo en ningún evento, declaró que el libro de CRG difamaba la imagen de Juan Rulfo:

Hago de su conocimiento que cancelo definitivamente mi participación en la Feria del Libro de la UNAM (sic) y le ruego suspender la presencia de cualquier material con imágenes y el nombre (sic) de Juan Rulfo que tuviesen previsto desplegar en el recinto, en pequeño, mediano o gran formato. (FJR)

A partir de esto, muchos lectores comenzaron a “retar” a la Fundación, argumentaron que era un libro de todos y no sólo de ellos, por lo tanto podría usarlo cómo quisieran, incluso hubo movimientos en la red social Twitter. Posteriormente, CRG dio un comunicado para defender su novela y el estudio de la obra literaria de Juan Rulfo.

Es más importante que nunca alzar la voz cada vez que la fuerza del autoritarismo y la ley de la ganancia máxima trata de promulgar e imponer una versión, ‘su versión’, por sobre la múltiple versión de las cosas. Cristina Rivera Garza

Finalmente, Víctor Jiménez, presidente de la fundación, agregó que es más importante la lectura de la obra que el circo o espectáculo que puede existir alrededor de un homenaje. Rivera Garza también extendió una invitación a leer su libro para crearse una opinión objetiva. Con los hechos sobre la mesa, pienso acerca de las tácticas de mercadotecnia y la gente que ahora se acercará al libro recién publicado para desmentir o no la posición de Cristina Rivera Garza, yo incluida, después entender lo sucedido quiero leerlo para conocer la supuestas “difamaciones” que hizo la escritora.

Por un lado entiendo la frustración y la posible buena voluntad de querer hacer un homenaje por parte de la escritora tamaulipeca, pero por otro me parece sospechosa y ventajosa la decisión que tomó la editorial, porque lanzar la publicación justo en el centenario de Juan Rulfo es una táctica bastante acertada. Por otro lado, entiendo el deseo de la Fundación Juan Rulfo por proteger la imagen del escritor y de cierta manera, pienso que es lo que él hubiese deseado: que se leyese y estudiase su obra, pero con motivos de reflexión y admiración estética. Juan Villoro también se pronunció respecto a la polémica y aplaudió la postura de la fundación, parafraseando sus palabras: el mejor homenaje que se le puede hacer a un escritor es leerlo, el circo o los carros alegóricos o los despilfarros de dinero alrededor de Juan Rulfo no son lo que verdaderamente importa.

A lo largo del 2017 se continuarán los lanzamientos de obras de Juan Rulfo en ediciones conmemorativas. No sólo su literatura, sino también su trabajo como fotógrafo será editado y publicado, también en Puebla se han montado exposiciones con motivos de recordar al autor de “Diles que no me maten”.