En Tepotzotlán, un pueblo al norte del Estado de México, hay un museo dedicado a la época virreinal. A lo largo de mi infancia la historiadora Alma Montero nos invitaba a ver los descubrimientos debajo del Antiguo Colegio de Tepotzotlán, o bien, nos mostraba documentos de la antigua biblioteca jesuita. Pensé que siempre existiría esa apertura para visitar y conocer los recintos históricos, sin embargo, no siempre fue así, uno tiene que ser investigador o tener una razón de peso para entrar a ver ciertos archivos o ruinas arqueológicas, fui muy afortunada.

Posteriormente, al elegir mi carrera profesional una de las razones para quedarme en el campus Monterrey y estudiar Letras Hispánicas –a pesar de que es una institución reconocida por sus otras áreas del conocimiento y no por sus humanidades– fue que Liliana Muñoz me llevó a conocer el acervo de la Biblioteca Cervantina. Hace cuatro años me recibió el Dr. Daniel Sanabria para que conociera la biblioteca, repitiendo constantemente que la podría visitar cuando quisiera, pues, era de todos nosotros. Me sorprendió la facilidad con la que podía entrar a leer o a estudiar en un lugar que estaba lleno de archivos históricos tan importantes y también me pareció agradable la atención por parte del personal. Te mostraban las diferentes salas, las piezas prehispánicas, el trabajo de digitalización, te hablaban acerca de los Hierros de la Conquista, del libro de autógrafos, de los incunables, de los álbumes fotográficos, los manuscritos, en fin, se mostraban orgullosos de su trabajo y de difundir el patrimonio histórico.

Mi primera experiencia con un libro antiguo fue El jardín de las flores curiosas de Antonio de Torquemada. Carlos Talavera, un exalumno de la carrera de Letras Hispánicas invitaba a los alumnos a reseñar libros de los acervos clasificados como Raros, se trataba de libros delicados, la gran mayoría del siglo XVI, con encuadernaciones originales o restauradas, eran libros que tenían un auditor incluido, es decir, para revisarlo, era necesario hablarle a una persona que tenía las llaves de un estante. De cualquier forma, por engorroso que suene el trámite, siempre tuve la oportunidad de revisar el libro. Así como yo tuve la experiencia de conocer más a fondo la biblioteca, muchos investigadores, alumnos, exalumnos, profesores y público en general pudieron entrar a ver las diferentes colecciones, por simple curiosidad o porque se topaban con un lugar que sobresale por su estilo art decó y el contraste visual que puede generar respecto a la arquitectura moderna que tiene el Tecnológico de Monterrey.

Recientemente, el Dr. Daniel Sanabria renunció a la dirección de la Biblioteca Cervantina argumentando que no le parecía la forma en la que se estaban dando los procesos de remodelación y el tratamiento de la información respecto al futuro del recinto histórico. Después de ofrecer sus servicios por 15 años y difundir la importancia, tanto del archivo bibliográfico, como del inmueble, Daniel Sanabria decidió marcharse. Ha habido una serie de rumores e inquietudes respecto a lo que le ocurrirá al lugar, hasta el momento no ha habido un comunicado oficial interno por parte de las autoridades de la universidad, solo una nota de prensa en el periódico El Norte. Se ha comunicado, finalmente, que la universidad busca preservar las colecciones, sin embargo, se desconoce lo que ocurriría con la Biblioteca Cervantina como biblioteca tradicional: estantes, sala de estudio, escritorios, sillas y ficheros.

Lamentablemente, a lo largo de la historia, los libros, el conocimiento, los recintos históricos han sido motivos de disgustos, guerras y censura. Contextualizando la situación en el siglo XXI, sigue existiendo falta de criterio al tomar decisiones acerca de los edificios que resguardan libros o recintos históricos o artísticos,por ejemplo, hubo una gran polémica respecto a la posible demolición del Poliforum Siqueiros en la Ciudad de México porque una inmobiliaria iba a construir un edificio de departamentos, hasta el momento, afortunadamente, sigue en pie.

Retornando a los libros físicos y los lugares para preservarlos en buen estado, hoy en día he escuchado argumentos como «Vivimos en la era digital, los libros físicos ya no son necesarios», «Ya todo está digitalizado», «Cómprate un kindle», estas opiniones y más, las he escuchado, respetado e incluso discutido, sin embargo, ahondar en ese tema para defender lo que pienso es motivo para crear un nuevo texto en defensa del libro físico moderno, así que por ahora, no lo tocaré. Con el panorama turbio e inquietante, me parece relevante hacer un recuento acerca de las colecciones de la Biblioteca Cervantina para poder apreciar la importancia histórica que tiene, tanto el lugar y el mobiliario, como el archivo histórico-bibliográfico.

El edificio fue construido en 1952 para albergar la biblioteca y las colecciones especiales de libros donados; en la inauguración, incluso, asistió el presidente de la República como invitado de honor. La distribución original del edificio era de la siguiente manera:

Cuatro pisos y un semi-sótano con almacén de libros, departamento de impresos y sala de proyecciones. En el tercer piso se encontraba la biblioteca y las colecciones especiales donadas por Carlos Prieto y Salvador Ugarte» Extracto del Recorrido del Tecnológico de Monterrey en el Día del Patrimonio 2014 por Arq. Traslaviña

La biblioteca se comenzó a formar en 1953 con la colección donada por Carlos Prieto, quien era propietario de una importante biblioteca privada, pero fue hasta 1954 que se inauguró el primer salón de la biblioteca con el nombre de “Colección Cervantina de Carlos Prieto” y contiene aproximadamente 500 obras en mil volúmenes, se trata de “Quijotes” en diferentes formatos y en diferentes idiomas, una de las grandes colecciones de mundo de textos cervantinos. Los libros más antiguos de este acervo se publicaron en Bruselas (1607) y en Milán (1610), cuando el escritor español seguía con vida.

Al iniciar el proyecto de la Biblioteca Cervantina fue un gran acontecimiento tanto en la universidad, como para la ciudad de Monterrey, se inauguró en el X aniversario del Tecnológico de Monterrey. El evento fue celebrado con un discurso de inauguración, donde Carlos Prieto resaltó «la importancia del estudio de la lengua, la literatura y del pensamiento humano»:

Pudiera preguntarse, y en efecto, yo mismo me he formulado esa interrogante: qué significación tiene una biblioteca del Quijote, una capilla cervantina, por decirlo así, en un Instituto de enseñanza cuya finalidad primordial es preparar a los hombres para adquirir y para servir unas técnicas en el amplio campo de la ciencia, cada vez más profundas y cada vez más reducidas […]No hubiera sido más acertado entregar esta colección de libros a un centro destinado a dar una educación liberal y humanística, a la preparación integral del hombre, en donde el estudio de la lengua, de la literatura y del pensamiento básico, sea lo básico.No es, pues, posible ni deseable reducir o limitar la tarea de los técnicos, sino al contrario; estamos obligados a ayudarles a que puedan sostener lo conseguido y aumentar el canal de sus conocimientos, de los suyos, de los que les son propios. Lo que sí es posible y necesario, y constituye la preocupación de los mejores educadores, es que en cimiento de la formación de los hombres con vocaciones de técnicos y de científicos, se fomenten curiosidades universales que les lleve a un conocimiento, tan amplio como sea posible […].Si la lengua es el molde y el cause de las ideas; si el idioma es horma y norma del espíritu; si la expresión hablada es un fermento de sentimientos y emociones y si la idiosincrasia, el carácter, hasta las aspiraciones y la acción de un pueblo están también ligados a la riqueza, hondura y fluencia del lenguaje, dedicarse a estudiar a Cervantes y lo que él significa en nuestro mundo (en el mundo de habla española), es dedicarse a la sagrada tarea de cultivar nuestra propia personalidad y de enriquecer nuestra cultura.»

“Significación de la Biblioteca Cervantina”. Palabras pronunciadas por el señor Lic. D. Carlos Prieto con motivo de la inauguración de su Biblioteca en el Instituto Tecnológico en 1954.

En 1955 se recibió la colección Méndez Plancarte, herencia del Dr. Alfonso Méndez Plancarte, se trata aproximadamente 8,500 volúmenes. Algunos de los impresos más destacables son libros europeos del siglo XVI: Salterium Octaplum (Génova 1516), Epístolas de Plinio en edición aldina (Venecia 1508), Metamorfosis de Ovidio (Venecia 1556), Tragedias de Séneca en una edición miniatura (Amsterdam 1568). También contiene manuscritos de autores latinoamericanos: Alegre, Abad, Clavijero, Amado Nervo, Ambrosio Ramírez, Concha Urquiza y Rubén Darío.

En el mismo año, 1955, Don Salvador Ugarte dona su biblioteca en entregas mensuales para «poder desprenderse más fácil de su biblioteca». Es un archivo que tiene incunables, la Colección de Impresos Mexicanos del siglo XVI, Crónicas de Indias, Crónicas Novohispanas, Historia Regional, Ensayos, Ordenanzas y Sermones. Tiene más de 700 obras, han sido clasificadas como rarísimas y en algunas ocasiones, únicas.

Otra de las colecciones que existen es la Pedro Robredo, comprada y donada al Instituto, se complementa con la Colección Méndez Plancarte. De igual forma en el recinto se encuentra la Colección Hermanos Guajardo, Colección Conway, Colección Michael Antochiw, importantísima para el estudio de la historia de Yucatán.

Otra de las colecciones importantes es la Ignacio Bernal, en el discurso inaugural, el hijo Ignacio Bernal Verea describió el contenido de la biblioteca y a su padre:

Esta es una biblioteca mexicana. Resalta en todos los periodos de nuestra historia y prehistoria. Era la de una científico destacado en la investigación de nuestro pasado más remoto. Era también, la de un hombre de acción que impulsó gran parte de las instituciones de educación superior y cultura. Su pasión por los libros, era por lo que podría indagar, averiguar, estudiar de ellos. En esa búsqueda fue infatigable. Una de las cosas que más impresiona es que leyó, estudió y utilizó todos los más de cuarenta y cinco mil libros de la colección.[…] Felicidades por lo que aquí ya han logrado. Ojalá y su esfuerzo nunca se detenga.

“Discurso inaugural” por Ignacio Bernal Verea, mayo 1996

En la colección se pueden encontrar libros referentes a toda la Historia de México: prehispánica, la Conquista, la Colonia, Siglo XIX y XX. También se cuenta con piezas arqueológicas, muchas de ellas aún sin clasificar. Algunas de las secciones que podemos encontrar en la colección han sido clasificadas de la siguiente manera: lingüística indígena, códices mesoamericanos y arqueología (ensayos, publicaciones y diarios de investigación de campo). De igual forma es importante destacar los documentos más apreciados por los investigadores, ya que, todos están en el mismo recinto.Es posible hallar: “incunables mexicanos”, editados en México antes de 1601, impresos de la Colonia, Crónicas entre México y América Central, Imperio de Maximiliano, primeras fotografía mexicanas, historia de la Virgen de Guadalupe, viajeros en México durante el siglo XIX y manuscritos desde el siglo XVI al XX.

Los dueños de las bibliotecas que fueron donadas o compradas por la universidad, fueron notables intelectuales, académicos e investigadores, se trataba de personas que tenían curiosidad por conocer más. Podrían ser arqueólogos, empresarios, coleccionistas, investigadores, pero principalmente eran lectores.

Actualmente, el material de la Biblioteca Bernal, se encuentra en los archivos de Campus Norte del Tecnológico de Monterrey. Uno de los planes, ya acordados y confirmados, es que se trasladarán al sextos piso del nuevo edificio de Biblioteca, dentro del campus Monterrey. Se hizo una inversión de 6 millones de pesos para poder tener todos los archivos en exhibición en un lugar adecuado para su estudio y preservación, pienso que es una excelente alternativa para dar a conocer el patrimonio que ahora se encuentra en cajas, en archiveros y en ficheros viejos.

Por otro lado, finalmente, después de sumergirme por una semana en los archivos que están en las mismas bibliotecas, puedo confirmar, desde mi criterio, que la Biblioteca Cervantina, tiene que mantenerse ahí. Pienso que es mejor hacer una inversión para mantener el edificio en las condiciones adecuadas para que los libros se preserven, hay bibliotecas que tienen más de 100 años y no ha sido necesario cambiar de lugar los libros. Después darme cuenta de cómo los directivos del Instituto solían respetar los inmuebles históricos, los libros, las letras y las humanidades, sólo puedo pensar en que hace falta hacer un autoestudio acerca de cómo se están tomando ciertas decisiones, de cómo se está ofreciendo la información y de cuáles son las prioridades y objetivos de una verdadera universidad.

 

Fuentes consultadas

Carpeta Plan de Trabajo del Archivo institucional. 1956-1957. Biblioteca Ignacio Bernal.

Guía de archivos y bibliotecas privados. P.150. Mayo 2016

Publicación Alforja de recuerdos. ITESM

Conversación con el Dr. Daniel Sanabria