Por Sheila Hernández

 

La bailarina, coreógrafa y teórica de la danza posmoderna norteamericana Trisha Brown falleció el pasado 18 de marzo, a los 80 años, en San Antonio, Texas, EE.UU., después de una larga enfermedad, informó su compañía de baile Trisha Dance Company.

Brown nació en Aberdeen (Estado de Washington) el 25 de noviembre de 1936. Se graduó en el Mills College Dance Department, donde adquirió una formación en distintos estilos de ballet, la acrobacia y el modern jazz a las técnicas de Graham y Limón, recibiendo además cursos de música y composición de Louis Horst. En 1961, Brown se mudó a New York, donde frecuentó el estudio de Merce Cunningham y participó en los talleres de composición coreográfica impartido por Robert Dunn. Esta década contribuyó en gran medida en generar una gran creatividad interdisciplinaria en Brown, lo que le permitió descubrir lo extraordinario en lo cotidiano, y trajo las tareas, las rúbricas, el movimiento natural y la improvisación en la realización de la coreografía.

Desde 1962 se muestra muy activa en el Judson Dance Theatre, en el que coincide con Yvonne Rainer, Steve Paxton y Lucinda Childs, entre otros. Puede citarse como un primer hito Planes (1968), primera pieza «antigravitacional», recuperada en la Bienal de Venecia de 2016 y que muestra toda su perspectiva de anticipación.

En 1970, funda la Trisha Brown Company, donde inicia su propio camino distintivo de investigación artística y la experimentación incesante, que se prolongó durante cuarenta años. Brown se esforzó por inventar un lenguaje de movimiento abstracto original, y aunque en un principio rechazó el teatro como espacio convencional y luchó por llevar la actividad dancística a museos, galerías de arte y otros espacios urbanos, el sistema del teatro la absorbió. De esta forma, con su compañía recorre Norteamérica y Europa, comenzando una exitosa carrera mundial que la lleva hasta el repertorio del Ballet de la Ópera de París; después, otras compañías francesas como la Dominique Bagouet y el Ballet de Lyon la tendrán también en repertorio.

Durante la década de 1980, Brown produjo obras de gran escala destinadas al escenario y comenzó sus colaboraciones artísticas, comenzando con Decoy Glacial (1979), que tenía conjuntos y trajes del artista Robert Rauschenberg. Este período fue más notable por el estilo de movimiento slithery y altamente articulado que caracterizó gran parte de su trabajo durante este tiempo. Aunque la colaboración con Rauschenberg había comenzado con Glacial decoy, este éxito le abrió la colaboración con otros grandes artistas plásticos como Fujiko Nakaya (Opal look, 1980); Donald Judd (Son of gone fishing, 1981 y Newark, 1987) y Nancy Graves (Lateral pass, 1985).

Esta época, conocida como el ciclo de la Estructura Molecular, le permitió a Brown investigar y se apoyó en el silencio, generando una serie de piezas que tuvieron diversa fortuna, para finalmente volver a compositores de la esfera del jazz como Dave Douglas o de la música contemporánea como Salvatore Sciarrino. En 2007 volvió a colaborar con Laurie Anderson en I love my robots.

Cuando en 1990, la Bienal de la Danza de Lyon se dedicó íntegramente a la danza y el ballet estadounidense, Trisha Brown recibió una nueva entronización, con un programa que se componía de dos clásicos: Set and reset (1983) y Line up (1977).

Se volvió a la coreografía de música clásica, creando M.O. (1995), basada en la oferta musical del compositor alemán Johann Sebastian Bach, y su primera producción de ópera, L’Orfeo (1998) del compositor italiano Claudio Monteverdi. Brown se inspiró en el jazz de El Trilogy (1998-2000), completó su segunda ópera, Luci mie traditrici (compuesta por Salvatore Sciarrino) en 2001 y en 2002 coreografió el ciclo de la canción «Die Winterreise» (Winter’s Journey) del compositor austriaco Franz Schubert para Simon Keenlyside. Brown trabajó de nuevo con Laurie Anderson en 2004 en O Zlozony / O Composite para el Ballet de la Ópera de París. Para el 2011, Brown coreografió su última pieza.

La compañía de danza le rindió homenaje en su sitio web y la calificó como «una de las coreógrafas y bailarinas más influyentes y talentosas de su época» cuya «obra revolucionaria cambió para siempre el paisaje del arte». El marido de Brown, el artista Burt Barr, falleció el pasado noviembre. La compañía de danza explicó que su objetivo ahora es continuar perpetuando el legado de Brown, haciendo llegar su trabajo artístico mediante colecciones que incluyen apuntes, notas de audio, vídeos y escritos de la artista, además de seguir innovando en el mundo de la coreografía como hizo su fundadora.