Por Genaro Huacal

 

En el ambiente musical regiomontano Luis Carlos López, Maico, se ha ganado a pulso el reconocimiento de todos, su vida dedicada al arte no ha sido vana. A esta altura de su advenimiento nos ofrece una nueva propuesta, un disco en solitario con raíces norteñas, tronco a su antojo y ramas para todos los gustos. Quien tenga cultura escuchará lo que nadie ni siquiera oye. Norteño feeling no es para cualquiera, sibaritas y diletantes, saludos.

 

¿Quién eres?

Soy un ranchero de América, estepario y músico.

 

¿De qué estás hecho?

De lo que voy recogiendo por el camino, soy un poco de todos con los que me he topado, desde mi familia hasta compañeros de vida, de todos ustedes.

 

¿Cultura general o particular?

Creo que entre más particular sea, más general soy.

 

¿Crees en el arte o en el artista?

En el artista, el arte lo tenemos todos.

 

¿Mitos sobre la soledad?

Mi momento más prolífico y más creativo es en la soledad, obviamente. Soy más creativo en la madrugada, solo conmigo mismo. Aunque he trabajado con compañeros me gusta más el proceso solitario, lo disfruto mucho. Me inspiro más.

 

¿Tu filosofía musical?

La música que me haga abstraerme, aislarme, olvidarme del maldito mundo afuera esa es la que tomo como compañera de vida.

 

¿Cuál es tu tipografía favorita?

La Arial, la siento muy práctica, muy manejable.

 

¿Poema favorito?

Tiene que ser, soy muy tradicionalista, algo de López Velarde. “Yo tuve, tierra adentro, una novia pobre; de ojos inusitados de sulfato de cobre.” López Velarde me vuelve loco.

 

¿Cuento?

Uno que habla del chocolate, un cuento de Patricia Laurent, me gustan mucho sus textos.

 

¿Novela?

Todos los nombres de José Saramago y una biografía novelada del Che, de Paco Ignacio Taibo. Una biografía que me ha hecho llorar.

 

¿Cuál debería ser la cultura de un pintor musical, concreta o abstracta?

Definitivamente abstracta.

 

Nada surge de la nada, ¿cuál es tu caso?

Yo surjo, casi de la nada. Por lo menos así lo pienso porque a pesar de haber hecho una trayectoria y una labor de muchos años, cuando vives en el medio netamente cultural, es difícil tener presencia o una existencia constante en los medios. Últimamente con el Norteño Feeling he empezado a figurar. Estamos surgiendo un poquito de la nada.

 

 

¿Qué encuentras de tu niñez en lo que haces ahora?

Sigo siendo el niño que boleaba zapatos en el centro de Guadalupe, lo vivo a diario, soy muy niño en el sentido amplio de la palabra. Tengo mucha capacidad de asombro, tengo mucho gusto por la vida, conservo algo de la ingenuidad infantil acompañándome y de alguna forma, iconográficamente, musicalmente me aferro a esa época de mi niñez. “Mi adulto se anticipó y por eso me aferro a conservar la parte niña conmigo.”

 

Conocido y reconocido, ¿compites en el medio o ellos contigo?

Yo no compito, vengo a compartir. Siempre he venido a compartir. Si alguien compite conmigo es una visión de ellos. Muchas veces nos queremos repartir un pastel que no existe y no ando en eso, simplemente vengo a hacer lo que me toca y no me detengo a pensar si alguien me hace competencia.

 

¿Cantas, bailas o tocas?

Canto, bailo y toco. Canto desde niño, mi primera composición la hice con una letra del poeta Juan de Dios Peza. Era un libro de primaria, el poema se llamaba “Los magueyes”, estaba como en cuarto año de primaria. Fue mi primera musicalización de un poema, aunque mi primera composición la hice viviendo en el DF a los ocho años de edad. Muy a la Juan Gabriel, hablaba del dinero y de la crisis económica. “Estoy quebrado” se llamaba la canción.

A la misma edad estaba en un ballet en la escuela y también participé en otro bailando música brasileña. En tocar me tardé más, a pesar de ser famoso por ser percusionista en la escuela secundaria no me admitieron en la banda de guerra para tocar la caja militar y creo que de ahí me clavé mucho con la percusión y me desarrollé mucho en ella. Después aprendí a tocar instrumentos de cuerda, algo de aliento. Y pues sí, canto, bailo y toco, cuando se puede.

 

¿Cuántos discos?

Participando como artista, ya sea como músico, como cantante invitado o como solista podríamos hablar como de una veintena. Como productor o coordinador, más de cincuenta discos. He tenido la suerte de trabajar con gente como Celso Piña, como Óscar Chávez, como López Tarzo, como Los Folcloristas, con un montón de gente.

 

¿Cuál es tu propuesta, cómo surge?

Norteño feeling es algo que vine “cocinando”, al menos en la cabeza, durante varios años en que me dediqué a hacer música tradicional norestense. Con el grupo El Tigre, siempre, cerrábamos nuestros conciertos con música norestense. Hice algunas grabaciones de campo como polkas de Nuevo León o como el fara fara que hice en varias cantinas y así advertí que un género que se quedaba relegado por considerarlo música propiamente de cantina era el bolero norteño. Supe de joyas bellísimas como “Mi último refugio”, “Una lámpara sin luz”, “Mi tesoro”, un montón de temas clásicos del bolero.

Así fue naciendo la idea de Norteño feeling, empecé a trabajarlo a mediados de 2015 y lo terminé a fines de 2016. Le quise cargar al norteño un toque cachondo y le agregué toques de feeling cubano, de ahí el título general, pero también tiene toquesitos de jazz, de rock en alguna parte, de country en otras, y, claro, la música tejana que siempre está presente en nuestro sound track diario.

 

¿Covers? ¿Agregas o quitas?

Ni covers ni homenajes, son mi querencia. Son mis recuerdos de vivir en casa de mi abuela escuchando diversas estaciones de radio locales y de escuchar toda esa música maravillosa norteña, no grupera. Lo norteño no es grupero, es música de molcajete. Yo lo que estoy haciendo es mezclar la música de molcajete con nuevos ingredientes para poderla presentar. Yo quise volver al discurso lírico amoroso, de encuentro o desencuentro, el amor es eso.

No agrego ni quito, aporto. Le estoy aportando al género, le estoy agregando un estilo diferente. Todas las versiones anteriores son una misma versión. A muchos no le gustará, ya he escuchado algunos comentarios, pero todo eso es publicidad.

 

¿Cómo escogiste cada canción, por la letra o la melodía? ¿Ambas?

Ambas, desde luego esto es un ejercicio completamente subjetivo, tiene que ver con el gusto muy particular, con mis querencias de la infancia y mi adolescencia.

 

Salud (dinero y amor)”, qué te dice?

Lo que dice un son jarocho: “La vida no es otra cosa que el bien del animal.” Y es cierto, para eso vinimos a este mundo, para estar bien y para hacer el bien. Esa canción me llamó la atención por dos motivos muy particulares. Yo quería meter un huapango, pero siento que los huapangos norestenses no son más que el gran género del son, la jarana yucateca, los saraos campechanos, sones de marimba de Chiapas, sones abajeños de Jalisco, son jarocho, son huasteco. Aquí les llamamos huapango. Tratando de buscar algo mejor me encontré con este tema de Andrés Calamaro, que lo escribió a ritmo de chacarera o algo así y me gustó para hacer un huapango, ya con acordeón, bajosexto. Lo grabo y antes de maquilar el disco me comunico con Andrés Calamaro y le gustó. “Nos encantó, adelante.”

 

La música, ¿por dentro o por fuera?

La siento por dentro y por fuera, definitivamente. Lloro con ciertas canciones, me conmueven, me han llegado. Y por dentro y por fuera porque es epidérmico el acto de cantar, de tocar instrumentos es epidérmico. Yo entro en trance, cuando estoy tocando un instrumento entro en trance, me lo han dicho. Soy un artista, no soy un ejecutante.

 

¿Satisfecho?

Tal vez me guardé unas cosas porque como es un producto nuevo siempre había cosas que trabajar, pero sí estoy satisfecho. Podría morirme hoy en la noche tranquilo. Sin embargo estoy disfrutando mucho lo que viene, de cómo se ha estado moviendo, lo ha ido acogiendo la gente.

Ha tenido muy buena recepción no sólo de adultos, sino también de chavos y eso me alienta.