Por Ismael Aqueres

 

¿Cuáles son las probabilidades de que exista vida fuera de la Tierra? Según los cálculos más pesimistas: una en un billón de la escala larga. Suena a una cantidad diminuta, imposible. Si pensamos en este número, un 1 seguido de 12 ceros (o en este caso un 0.0000000000001), y lo comparamos a un entero desde nuestra perspectiva humana (es decir, lo comparamos a un robusto y sencillo 1), concluiremos que es imposible que exista vida en el espacio.

Si pensamos que se trata de un billonésimo de una manzana, de un pedazo de pan, de un litro de agua, llegaremos a la conclusión de que nuestra existencia en el universo es milagrosa, única, especial. Y estaremos muy equivocados.

El universo tiene más de 13 mil millones de años. Dada su magnitud, su impresión en el espacio-tiempo, es inabarcable tanto para nuestra especie como para nuestra comprensión. El universo es tan enorme y crece a una velocidad tal que si saliéramos ahora mismo de la Tierra nunca llegaríamos al borde, sin importar qué tan rápido pudiéramos viajar.

Sin profundizar demasiado, digamos que la estrella más cercana se encuentra a unos 4.24 años de viaje si pudiéramos movernos a la velocidad de la luz (o 1.3 parsecs de distancia). Con nuestra tecnología actual, la más rápida y eficiente, usando a Júpiter como resortera, tardaríamos 81,000 años en llegar a Proxima Centauri. 2,700 generaciones humanas.

Para ponerlo aún más en perspectiva, la civilización humana tiene unos 10,000 años, pero apenas llevamos unos 5,200 años escribiendo. El homo sapiens lleva 200,000 años existiendo, pero hace apenas 60,000 que comenzaron las migraciones afuera de África. Es decir, el viaje a Proxima Centauri con la tecnología actual, tardaría más tiempo que toda la historia y la prehistoria de nuestra especie.

Tiempo suficiente como para que los viajeros se conviertan en su propia especie, separada de la terrícola por tantas generaciones y habitando en el espacio por tanto tiempo que adaptarse de nuevo a la vida planetaria sería tan catastrófico como haberla abandonado. Quizá ya no habría razón para colonizar otros planetas, al menos para ellos. Para entonces la vida en la Tierra sería también bastante diferente. Quizá habrá colonias en el sistema solar que evitarán el colapso de nuestro planeta natal, quizá nos terminemos los recursos o entremos en un invierno nuclear.

Tengamos este concepto en mente: la estrella más cercana está tan lejos que nos tomaría casi la mitad del tiempo que lleva nuestra especie existiendo en llegar a ella. Al menos hasta que desarrollemos un método de exploración digno de la ciencia ficción, como doblar el continuo espacio-tiempo. El punto es que el universo es enorme. Tan grande que una billonésima parte de ese universo sería suficiente para albergar el supercúmulo de galaxias en el que se encuentra la Vía Láctea.

La Vía Láctea, por su lado, una galaxia de tamaño pequeño y de forma espiral, mide unos 100,000 años luz en diámetro. Nosotros giramos alrededor de una estrella que gira alrededor del núcleo de la galaxia, el Sol. Nuestra estrella es tan sólo una de entre 100 billones a 400 billones de estrellas posibles en la Vía Láctea. La galaxia Hércules, en cambio, mide unos 1.5 millones de años luz de diámetro y tiene unas 1000 veces más estrellas, o unas 1000 billones de estrellas mínimo.

Espero que para ahora los números nos hayan mareado un poco. Al menos lo suficiente como para imaginar que una probabilidad de 1 en 1 billón de que surja vida en otro lugar del universo no es nada. Si la probabilidad es de 1 por billón, quiere decir que en nuestra Vía Láctea pueden existir entre 100 a 400 planetas (mínimo) donde haya surgido vida. Mientras que en Hércules, mínimo 1000. Eso es si pensamos en la masa solar (que es como se mide cuántas estrellas hay en una galaxia). Pero si consideramos que la mayoría de las estrellas que existen en el universo no son visibles desde nuestro planeta (ni siquiera con telescopios) ya que son muy pequeñas y poco brillantes, entonces cambia la cosa.

Una estrella roja enana súper fría, como TRAPPIST-1, tiene 0.08 masas solares. Es decir, tiene tan sólo el 8% de masa de nuestro sol. Eso quiere decir que se necesitan unas 12 estrellas como TRAPPIST-1 para contar como una de esas probabilidades de millón. Dado que más de la mitad de las estrellas que existen son de esta categoría (o menores), hay muchas más estrellas en la Vía Láctea de las que habíamos considerado.

Lo que trato de decir, es que, contando la edad del universo, la posibilidad de que haya surgido vida en lugares lejanos a la tierra nos dice que ha sucedido al menos unas mil millones de veces más. Ahora, de esas mil millones, ¿cuántas se extinguieron temprano, cuántas nunca tuvieron civilización, cuántas llegaron al espacio, cuántas se aniquilaron a sí mismas en guerras y cuántas destruyeron los recursos de su planeta antes de poder expandirse al espacio? Es posible que todas estén extintas y seamos la única que existe en este momento, como también es posible que nunca conozcamos a ninguna otra especie inteligente.

Pese a todo, la humanidad no está lista para rendirse. ¿Nos extinguiremos antes de colonizar otro planeta? ¿Nos extinguiremos antes de conocer a otra especie? Es posible que logremos salir del Sol y que colonicemos otros sistemas algún día y que aún cuando logremos recorrer grandes distancias en el universo nunca encontremos a otra especie. Así de grande es el universo. Tan grande que aún si existieran un trillón de especies inteligentes navegando el espacio, puede que ninguna nunca se encuentre con otra. Pero también es posible que todo lo opuesto suceda fuera de la Nube de Oort, el límite de nuestro sistema solar.

Ahora hablemos de otras posibilidades. ¿Cuál era la posibilidad de que encontráramos una estrella con siete planetas aparentemente rocosos y de los cuales tres se encuentren en la zona habitable de esa estrella, pero con la posibilidad de que los demás planetas también sean habitables bajo ciertas circunstancias? ¿Es posible que en alguno de esos planetas existan otros simios espaciales buscando vida en otros lugares del cosmos? ¿Es posible, incluso, que todos los planetas alberguen diferentes especies inteligentes que vivan en armonía entre sí y sean los precursores de una alianza galáctica futura?

Quizá algún día podamos viajar a TRAPPIST-1 y sus siete planetas, como sugieren los posters de ensueño de la NASA. Quizá encontremos en ellos paisajes fascinantes, donde muchos  de esos planetas se verían de día, mucho más grandes que nuestra luna en el cielo. Viajar entre ellos sería fácil y rápido, como tomar un avión a otra parte del mundo hoy en día.

¿Y cuáles son las probabilidades de que en una simulación de computadora realizada por una forma de vida en un rincón del universo prediga correctamente un sistema solar que hasta entonces no había sido mapeado? Hablaré más de este tema la próxima semana. Por ahora basta saber que en Elite: Dangerous, un videojuego de simulación espacial en línea que utiliza una escala de 1:1 para nuestra galaxia, se generó en la estrella TRAPPIST-1 un sistema solar con siete planetas, como el recién descubierto por la NASA. La reflexión sobre este tema va por el siguiente lado: si un videojuego puede predecir correctamente eventos universales, ¿deberíamos confiar más en la predicción matemática? ¿Debemos asumir que existen millones de civilizaciones allá afuera?