Posiblemente, el académico búlgaro-francés, es poco conocido por las generaciones actuales que no estén involucradas en las ciencias sociales o humanidades; Tzvetan Todorov no es un escritor famoso ni un artista polémico, sin embargo, su muerte representa una pérdida de una gran figura intelectual del siglo XX. La aportación del lingüista, crítico, historiador y filósofo yace, primeramente, en la creación de conceptos para comprender el lenguaje y posteriormente –en un nivel magnificado– la explicación de los fenómenos sociales, la literatura, el arte y la historia.

El martes 7 de febrero del año en curso se anunció su muerte, tenía 77 años. Las causas de su muerte se debieron  complicaciones debido a una enfermedad neurodegenerativa, en una declaración se comentó que «falleció rodeado de familiares»(AFP). Todorov fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias en el 2008 por representar«el espíritu de la unidad de Europa, del Este y del oeste, y el compromiso con los ideales de libertad, igualdad, integración y justicia» como dictaminó el jurado, fue profesor en la École Pratique des Hautes Études, en la Universidad de Yale, Columbia y Harvard; además recibió el doctorado honoris causa por la Universidad de Lieja en Bélgica. Dirigió el Centro de Investigaciones sobre las Artes y el Lenguaje del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS), también se le otorgó la medalla de la Orden de las Artes y de las Letras en Francia.

Al huir de el comunismo en Bulgaria, se refugió en Francia y ahí fue discípulo de Roland Barthes. En 1970 se dio a conocer por el desarrollo del estructuralismo–el formalismo ruso influyó en gran manera– y ese mismo año funda la revista Poétique junto a Gérard Genette. Posteriormente, publica su estudio acerca de las formas de narración: Introducción a la literatura fantástica, donde analiza diferentes textos literarios y crea un nuevo método de abordar la narrativa.

La naturaleza de Tzvetan Todorov rebasa las ramas del conocimiento, se trató de un individuo inclasificable por su capacidad intelectual de percibir el mundo. Ante todo, era un filósofo que practicaba el razonamiento y pensamiento crítico, por lo tanto sus obras abarcan temas políticos, literarios y artísticos. Algunas de sus obras son: Mijail Bajtín: el principio dialógico (1981), Las morales de la historia (1991), Elogio del individuo. Ensayo sobre la pintura flamenca (2006) y El espíritu de la Ilustración (2008).

Finalmente, al ser él mismo un migrante, siempre tuvo una fuerte opinión acerca de la manera en la que se trata al “otro”, en su discurso que enunció en los Premios Princesa de Asturias declaró lo siguiente:

Por cómo percibimos y acogemos a los otros, a los diferentes, se puede medir nuestro grado de barbarie o de civilización. Los bárbaros son los que consideran que los otros, porque no se parecen a ellos, pertenecen a una humanidad inferior y merecen ser tratados con desprecio o condescendencia. Ser civilizado no significa haber cursado estudios superiores o haber leído muchos libros, o poseer una gran sabiduría: todos sabemos que ciertos individuos de esas características fueron capaces de cometer actos de absoluta perfecta barbarie. (Discurso compartido en Oviedo, Asturias en el 2008)

De igual forma, criticó fuertemente las políticas de invasión que tuvieron algunos potencias mundiales como Francia y Estados Unidos en el Medio Oriente, todo esto en el contexto del terrorismo que han sufrido algunos países en los últimos veinte años:

To systematically bomb a town in the Middle East is no less barbaric than to slit somebody’s throat in a French church. […] Actually, it destroys more lives. (Tzvetan Todorov)

 

El mundo se despide de un importante pensador que hasta el final de su vida continuo pensando y cuestionando las fuerzas hegemónicas que rigen hoy en día el mundo. El mejor homenaje a su larga trayectoria es hacer una lectura cuidadosa de su obra y permanecer escépticos ante el caos actual.