Gorosito P Washington
 
 

Por Washington Daniel Gorosito Pérez

 

Nace en Montevideo, Uruguay el 24 de junio de 1961. Radica en Irapuato, México desde 1991. Ha obtenido premios de periodismo, ensayo, cuento y poesía en México, Uruguay, Brasil, Argentina, Estados Unidos, Alemania y Francia. Ha integrado antologías poéticas en Uruguay, México, Argentina, Italia y Estados Unidos. Columnista de Análisis Internacional y Temas de Defensa en publicaciones de México, Uruguay. Integra 10 antologías internacionales y 3 nacionales (Poesía, haikus, poemínimos y microcuentos).

 
 
Piedras y plumas
 
El futuro ya no está
se perdió entre el furioso oleaje
y el viento
arrasador de sueños.

Hay nostalgia del paraíso.

La fruta ya no está en el tallo
y el hombre
no es árbol, ni planta, ni flor…
¿Qué es?

Acaso lucero titilante
en la noche inmensa
donde impera la esterilidad.

En ella,
estalla en añicos,
se dispersa,
ya no está,
sólo piedras y plumas.
 
 
Versos versus tsunamis
 
La poesía no está hecha
sólo de palabras,
tiene lágrimas de mar,
muy saladas.
Hay amargos silencios
que rondan la desgastada
escalera del olvido.
Se integran luces portuarias
y sus múltiples matices.
Hay mástiles, proas y popas,
y se sueltan amarras
desde el viejo muelle.
El viento amigo
hincha velas a reventar
que buscan el núcleo de la tormenta,
naufragantes versos
se irán al sacrificio
y calmarán el dolor
de los océanos
que ya no darán
coletazos de furia.
 
 
Tierra Prometida
 
A los migrantes que cruzan la frontera de nopal…

El sol quedó en mi mano,
pronóstico agorero
alimenta el fuego eterno
de la vida.

Las rosas se despiertan,
el viento traslada su perfume.

Un tren se pierde en la distancia
de la imperfecta geografía.

Los migrantes
sobre el techo de los vagones
cual cortejo de alebrijes.

Pasajeros de palabras fugaces
domesticando los monstruos internos.

Rumbo a la tierra prometida,
donde el dolor, la pobreza y
la tristeza se olvidan.

Donde amasarán pan
con sus lágrimas.
 
 
Grafiti
 
El sol moribundo del alba
huele el olor dulce del pan casero.
Los árboles callados,
la quietud de los nopales,
entre piedras de templos milenarios
acompañados de signos ancestrales.
Vamos navegando por el tiempo,
leyendo huellas.
La muerte anda suelta,
al galope, desbocada.
Los poetas marcharon al exilio,
dice un grafiti en un muro.