ushibori

Por Ensō Rōshi (円相 老師)

 

La montaña es renga inacabado. Cada que un ciervo pasta en los claros de la montaña un caracter se resta. Las nevadas suman versos completos. La tala de árboles resta estrofas. El niño que persigue a la mariposa agrega un tanka. Un tanka también es la danza de las libélulas. Cinco días de poesía desaforada en una posada equivalen a una noche de observar las estrellas.

Subir la montaña es como vivir en ella. Pero vivir en ella no es como subir la montaña. Diez mil días en la montaña es un respiro para ella. Nada ha pasado. Nada se ha movido. Nada ha cambiado. Las hojas de los árboles han caído más de tres veces. Muchos ciervos han muerto para alimentar a los lobos. No se digan hongos, cigarras, grillos, ardillas, cuervos y arañas. Y la montaña apenas exhala. ¿Cuántas veces respiro yo en un día? ¿Cuántos siglos dura un día de montaña?

Montañas son los monumentos de la memoria. Cuando medito soy una montaña. En mi infancia viví bajo la sombra de una montaña. En mi juventud viví al borde de la cordillera que fue mi vida. Viajé por las montañas a la montaña de mi infancia, en el sur, para volver al norte. Ahora vivo en el centro de la cordillera, sobre la montaña, entre montañas. Las montañas meditan conmigo. Yo respiro cada mil días.

Cada mil días un monje del monasterio en la montaña camina durante tres días a la bahía de San Francisco. Al entrar a la ciudad se reconoce a sí mismo en los edificios, en las calles, en el concreto y las luces. En su juventud fue esa ciudad y ahora la ciudad es su pasado. La ciudad no ha cambiado. Nada ha pasado en la ciudad. El concreto respira. Patos en desfiladero lo saludan desde el portón de Chinatown. ¿Aún existe la tienda de juguetes tradicionales japoneses en Laguna Street? El monje busca un gato sobre los tejados de Saint Louis Alley. En el Bund Shangai entra al baño donde cambia su túnica por unos jeans y una camisa de franela de hace cuarenta años. El monje respira. Está en su pasado, en casa.

Camina entre las personas con los ojos cerrados. Siente a los demás al caminar. ¿Qué son los otros sino burbujas en una olla de agua hirviendo? Camina como una burbuja. Sé una burbuja.

Al otro lado del mar hay montañas. Bajo el mar hay montañas. Bajo la ciudad hay montañas. Al otro lado de la ciudad hay montañas. Hay una montaña en el centro de la ciudad donde los girasoles respiran un Sutra intangible. Un diente de león sube y baja de las montañas con el viento. Un suspiro y ya estás en la montaña.

 

Dime tú, monje,
¿cómo se ve el cielo
nacer de abajo?

La ciudad es un cosmos
revuelto en una sartén.

¿Cómo es el canto
de una lámpara de luz
una noche azul?

La ciudad es un bosque
de motores y carbón.

¿Y las colmenas
de línea de producción
al borde del mar?

La ciudad es un panal,
su miel es el sustento.

¿Y el amor, la fe,
la risa, la tristeza,
el canto y el honor?

La ciudad es montaña:
es renga inacabado.