puente

Por Ensō Rōshi (円相 老師)

 

¿Qué estuviste haciendo todo este tiempo? Mi madre me preguntó eso. Caminar. Caminé por las montañas y la costa, por las piedras y la arena. Hay un lugar donde la arena de la playa se extiende durante semanas hacia las montañas, donde las montañas mueren para hacerse arena, donde la arena se junta para convertirse en roca. La montaña muere por la erosión y ahí mismo la arena se compacta por la presión entre el subsuelo y el cielo para que nazca más montaña. La montaña respira. Muere y renace en todos los instantes. La montaña camina hacia el mar y el mar hacia la montaña. La montaña camina de regreso a la montaña y el mar regresa al mar, ambos descansan. Entonces descansa, hijo. Dormí durante tres días.

Para el aprendiz un desierto parece hostil. El sol no aparenta compasión. El agua se oculta entre los susurros de cactus y arbustos espinosos. Los animales son venenosos. Dos pasos se sienten como diez. Dos días son veinte años. En el desierto el silencio camina entre la ausencia de sombras. El aprendiz camina. El aprendiz llora. El aprendiz cura las llagas de sus pies con la savia de los cactus que le espinaron la palma de la mano. El aprendiz camina. El aprendiz bebe agua imaginaria. En el horizonte se dibuja una laguna. El aprendiz camina hacia la laguna que retrocede. El horizonte es infinito e ilusorio. ¿Qué diferencia hay entre el desierto y la mente?

Cuando se busca el atrás se camina hacia el lado. El desierto es esférico. El aprendiz caminará en línea recta, hacia la laguna, hasta que entienda que no existe la laguna. Si no lo hace se convertirá en cactus. Cada uno de los saguaros es un aprendiz desaparecido.

Caminar hasta que el eco del océano torne oleaje. El aprendiz encuentra el mar. En diez mil millones de pasos ya no lo buscaba. Ya no sentía en el desierto la crudeza del sol ni la dureza de la aridez. Dejando de buscar, despojado de la desesperación y la tristeza, el aprendiz vio que el desierto es un campo para caminar. Caminar es la pregunta. Caminar es la respuesta. Caminar nada más. No existe el final. No hay tal cosa como un dejar de caminar. Lo que hay es un momento de brillo, un destello en el agua: el reflejo del sol resquebrajado por la marea. Sobre el mar un muelle. El muelle un puente. ¿Puede el aprendiz caminar sobre el agua?

 

Del desierto al mar
el sol entre espejismos:
arena o agua.

Los peces son de arena,
el cielo una ventana.

Sueño que un día
camino entre biznagas,
me transformo en sal.