Utagawa Hiroshige: Maisaka, Imagiri shinkei (Vista de Imagiri, Maisaka)

Utagawa Hiroshige: Maisaka, Imagiri shinkei (Vista de Imagiri, Maisaka)

 

Por Ensō Rōshi (円相 老師)

 

Una piedra es pedestal. Una piedra es silla. Una piedra es cama. Una piedra es paraguas. Una piedra es sensibilidad.

Una piedra. Entre los bordes de la primavera asoman las piedras que recién despiertan. Nacen deseos. Para las montañas parecen tubérculos profundos asomados por el deslave del granizo derretido. Un cerro ríe y espanta a los pájaros. La mañana se cobija de etéreo rocío.

Una piedra es pedestal. Un sapo salta sobre ella. Un niño lo observa detrás de una vid. Salta el sapo y salta el niño. La piedra no se mueve de lugar. Una niña lo observa detrás de otra vid.

Una piedra es silla. Un muchacho se sienta sobre ella. Ve a una chica pasar en bicicleta. Hace calor. La mañana se ha descobijado y el sol pende sobre ambos. Ella lo mira. Él siente una gota de sudor recorrer su espalda. Es el mismo que cubre las piernas de la chica de sus ojos.

Una piedra es cama. Dos son el canto de los grillos al final del verano. La última flor descansa sobre la piedra oculta en un riachuelo seco. La piedra suspira, discreta. La flor recuerda esa mañana cuando la muchacha, frente al espejo, la acomodó entre su cabello tras cortarla del campo. La flor se ruboriza una última vez.

Una piedra es paraguas. Los novios se resguardan de la lluvia bajo ella. La tierra canta para recibir al agua con las bocas abiertas. La piedra no se mueve, pero respira tranquila. «Sé que te vas a ir», le dice ella. «No digas nada. Sé que te vas a ir. Sólo abrázame». Canta la tierra. La montaña los observa. La montaña suspira. Nace el relámpago.

Una piedra es sensibilidad. Ella le regala una bolsita con guijarros. Él la toma con ambas manos. La guarda en su mochila. Lo que él quisiera es volver a verla en su bicicleta, con las piernas vestidas de viento y brisa. Lo que ella quisiera es volver a verlo persiguiendo sapos, saltando sobre piedras. La piedra llora. El llanto de la piedra enternece a las montañas que llaman a las nubes. Las lágrimas de las montañas se hielan en el cielo. La tierra abre todas sus bocas para cantarle al granizo. Una piedra es pedestal. Los novios saltan sobre ella. La piedra es silla. Los novios se sientan en ella. La piedra es cama. Los novios se aman sobre ella. La piedra es paraguas. Los novios se resguardan sobre ella.

Una piedra duerme. El musgo de invierno la cobija. La piedra despierta. La piedra canta. La piedra llora. La piedra duerme. Cincuenta veces más. Él no sabe si ella aún lo recuerda, si ella aún vive. Él no sabe si ella sabe que él la recuerda. Sólo la piedra. Pero la piedra calla, discreta, hasta la llegada del invierno.

 

Ante el pasado
la memoria es de piedra:
todo se olvida.

Cuando llegue el olvido
nacerán los recuerdos.

Descansa, piedra:
lloré todo este tiempo
por no ser quien fui.

En las montañas rojas
ella no me espera más.

Huellas borradas
por las de otro en la arena
que ya me olvidó.

Una piedra descansa
si se deja de evocar.