Komura Settai, (1887-1940), Retratos de un mundo cambiante. Mujer bajo la nieve con paraguas.

Komura Settai, (1887-1940), Retratos de un mundo cambiante. Mujer bajo la nieve con paraguas.

 

Por Ensō Rōshi (円相 老師)

 

Para escribir hay que callar. El silencio es la música del universo. Ser como la nieve que posa con calma sobre las cosas. Ser el copo que roza la mejilla de una hermosa muchacha muerta, aún sin maquillar. Cuando la mente calla, el espíritu canta.

Alguna vez se preguntó si un árbol que cae en verdad hace ruido, si una sola palma puede aplaudir. No hacen ruido, ni una palma, ni dos, ni el bosque entero si todos sus árboles cayeran al mismo tiempo. No existe el ruido en el universo. No hace ruido la cigarra en verano. No hace ruido la rana en el estanque. No hace ruido el grillo en la noche. No hace ruido la cascada que se desbarata. El ruido sólo existe en la mente. Basta escuchar a un árbol que cae para saber que su golpe contra la tierra es tranquilo y suave. Basta encontrarse en el epicentro de un temblor para saber que el crujir de la tierra que se parte es paciente. La tierra no se parte. El árbol no cae. El silencio se disfraza de eventos altisonantes.

Todo es inmóvil cuando es silencioso. El movimiento, como el ruido, es ilusorio. Quien escribe como una montaña, quien escribe respirando, quien escribe sintiendo la forma de la voz, quien escribe en silencio se encuentra inmóvil. La forma correcta es la inmovilidad del bambú y de la montaña, de la libélula que se detiene sobre una espiga de pasto sin inmutarla. Quien escribe con ruido es como quien se posa bajo una cascada con la intención de detenerla. La cascada es inamovible porque no se mueve: es cascada en todo momento. Creemos en el movimiento que nos describe la vista, por eso creemos que la cascada cae. Así nos aplasta lo que llamamos «el paso del tiempo». Así es que dejamos de ser nosotros mismos para convertirnos en ruido.

Escribir es guardar el silencio. Abrir una cajita dónde colocarlo y hacer guardia toda la noche. Proteger al silencio del mutismo. Protegerlo del ruido. Lo que escribimos es el silencio velado por el ruido.

Pero maestro, pregunta el discípulo, ¿no son las palabras lo opuesto al silencio? ¿Cómo puedo escribir entonces? Si así lo crees entonces escribe sin palabras, contesta el maestro. Escribe con la voz de las olas. Escribe con el canto de las alas del cuervo. Escribe con la música de las nubes de nieve. Si tus palabras son ruido tu voz se esconde de ti. Entonces el maestro escribió estos dos poemas en la nieve.

 

Ser la nevada
más no la nieve que cae.
Ser así el tiempo.

 

Ser el silencio
más no el acallamiento.
Ser así: Buda.

 

Para escribir hay que callar. El silencio es la música del espíritu. Cuando escuchamos el silencio escuchamos a Buda. Cuando estamos en silencio somos Buda. Escribir es silencio. El silencio es Buda. Escribir es Buda.