Old Istanbul Bazaar, by Zorker

 

Por Rafael Zamudio

 

Hace ocho meses empecé a leer Paz (Sexto Piso, 2014) de Ahmed Hamdi Tanpinar. Aún me queda un centenar de páginas sin leer, cosa que digo con bastante gusto: he leído página por página tomándome todo el tiempo del mundo para contrarrestar la voracidad de nuestros tiempos. Cuando leo Paz me dedico a buscarla entre la nostalgia de Mümtaz y los mercados de Estambul, en los límites de la entreguerra, justo un paso detrás del estallido de la Segunda Guerra Mundial, en la música clásica turca o en una mesa de raki.

Como en toda «Gran Novela del Siglo XX», Paz, publicada en Turquía en 1948 (y traducida al español por primera vez por Sexto Piso) tiene como protagonista a todos los personajes, a ninguno y a la ciudad al mismo tiempo. También es una novela barroca, repleta de citas clásicas, saturada de imágenes exquisitas y tapizada de frases embellecidas por caligrafía arabesca. Una novela de transición, una novela urbana. Dicho esto, que bien podría decirse de cualquier novela total, puedo hablar de Paz a mi gusto.

Me ha tomado ocho meses leerla (y me tomará otros tres terminarla), como dije al principio. Tomé esa decisión tras leer la primera parte en dos sesiones y darme cuenta de que tenía que releerla, tomar notas, trazar un mapa y escuchar toda la música que los personajes cantan en cada página. Uno no siempre tiene el tiempo de hacer esto. Y yo me dije «tengo que hacerlo» no porque no haya otra manera de «aprehender» la novela, sino porque me pareció la mejor forma para mí de encontrar la paz en ella. Detenerme en un fragmento y recitarlo en voz baja diez veces o esperar a que termine el canto del gorrión en mi limonero antes de seguir la lectura, por ejemplo. No leer más que un capítulo por semana, a veces el mismo dos o tres semanas consecutivas, para conocer mejor las calles de una ciudad que ya no existe, para habitarlas. Así como acostumbramos escuchar una canción, un disco, muchas veces en un mes, en un año, en nuestra vida, y nos aprendemos y entendemos cada momento, ¿por qué no darnos el tiempo para hacer lo mismo con una novela?

La sensación de no tener tiempo, de que se nos acaba el tiempo, de que hay tantas cosas por leer, de que no tenemos tiempo para leer todo lo que queremos leer en nuestro breve tiempo para vivir (y algunos dicen ni siquiera tener tiempo para leer en lo absoluto) es una de las falacias de nuestros tiempos. Regalarse esos momentos para disfrutar la vida es algo que para muchos parece complicado. Hay que mantener los oídos bien abiertos para cuando se nos cruza algo que nos pide calma, paciencia, paz. La novela de Ahmed Hamdi Tanpinar lo sugiere desde sus primeras páginas, cuando Mümtaz recorre el mercado de antigüedades de Estambul buscando reliquias del pasado imperial que se desvanece en la nueva República, rápida, moderna, industrial. Y lo sigue sugiriendo, como un proverbio, a lo largo de toda la novela. Y pienso que si el autor se dio el tiempo para escribirla tan detalladamente yo me beneficiaré más en leerla con el mismo esmero.

Igual como me tomé un año para caminar la Ciudad de México, decidí que me tomaría un año para caminar la Estambul de entreguerras que ya no existe y que ni siquiera la mayoría de quienes viven en ella la conocen ahora. A veces saboreo el carnero en el plato de Ihsan, el café de Suat, la belleza de Nuran, la mesa de raki de Tevfik Bey o una composición en mahur. Otras veces contemplo la luz del sol que se filtra por los ventanales de la casa del Bósforo. Lo que más me interesa destacar de Paz es esto: la posibilidad de viajar a una época y un lugar distinto. Y en esto, Ahmed Hamdi Tanpinar lo logró como pocos. Todo lo demás, para mí, es secundario.

Por eso digo que quien busque en Paz un refugio lo encontrará. Cada quien podrá tomarse el tiempo que guste a su antojo. Yo prefiero la paciencia, la calma, la paz de espíritu.