sirenas

Hoy se cumplen 145 años de la muerte de Charles Dickens y 522 de la vez en que Colón vio sirenas. Lo último podría ser un cuento de Dickens o un verso de Camoens, quien morirá mañana hace 435 años. Lo cierto es que Colón nunca vio sirenas. Lo que se le apareció, en forma de manatí, fueron más bien tritones.

Las diferencias entre un tritón y una sirena no son nada sutiles. Es cierto que ambas viven en islas, que rondan los mares, que cantan. También es cierto que ambas enamoran a los marineros, pero los fines son diferentes: las sirenas lo hacen para comer. Las diferencias se vuelven físicas y se alejan: las sirenas no tienen cola de pez, como los tritones, sino cuerpo de ave rapaz.

Cuando Colón miró a los manatíes bañándose en las rocas él no miraba una sirena griega, sino lo que el Liber Monstrorum le había dicho que era: un animal humanoide remanente de la era antediluviana, un animal germánico, anglolatino, cuyos lectores y traductores obviaron la diferencia tan evidente en los vocablos anglosajones modernos «mermaid» y «siren».

Así como los dragones dejaron de ser serpientes y gusanos para convertirse en dinosaurios alados durante el furor de la Era Dorada de la Paleontología a mediados del siglo XIX, las sirenas dejaron de ser aves para ser peces al comienzo de la Era Dorada de la Navegación con Vela, unos tres siglos después de la publicación original del libro, en pleno medioevo. Para la época de Colón cualquier marinero quería encontrar sirenas y lo más probable es que las hubiera lejos, en el océano. La obsesión por topárselas después de cinco meses de navegar era una malilla tan tenaz que olvidaban que ya habían visto focas y morsas y que existían otros animales gordos de cola que tomaban el sol en las playas isleñas. Parecía no importarles. Parecían fingir que no lo sabían para habitar una fantasía que les permitiera llegar a las indias.

Al menos eso se siente al leer la descripción de Colón, según la transcripción de Fray Bartolomé de las Casas del diario de su primer viaje:

El día pasado, cuando el Almirante iba al río del Oro, dijo que vio tres sirenas que salieron bien alto de la mar, pero no eran tan hermosas como las pintan, que en alguna manera tenían forma de hombre en la cara. Dijo que otras veces vio algunas en Guinea, en la costa de la Manegueta.