scherer1

Imagen por Gian Carlo Tinoco

 

 

Don Julio era un cabrón, hizo un reportaje de su agonía: Homenaje a Julio Scherer en la FIL Minería 2015

Por Lina Tinowski

 

De entre los muchos y caóticos eventos que se presentan en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, uno de los más interesantes este año fue el homenaje al periodista recién fallecido Julio Scherer García, quien se convirtió en una leyenda del periodismo mexicano. Una larga fila esperaba dos horas antes de que comenzara la charla entre Julio Scherer Ibarra (hijo de Don Julio), Rafael Rodríguez (director de la revista Proceso), Carmen Aristegui (periodista), Ariel Rosales (editor de Penguin Random House), Fabrizio Mejía Madrid (escritor) y Jenaro Villamil (periodista), quienes dieron emotivos discursos recordando al desaparecido periodista, aunque fueran cortitos porque recibieron un mensaje de parte de la organización de la FIL Minería donde les pedían que fueran breves (¿En sus recuerdos de un amigo?)

 

Ariel Rosales abrió la conversación comentando el trabajo con los libros de Scherer desde la publicación de La terca memoria en 2007 y el impacto que le causó haber conocido al periodista en su faceta de escritor.

 

“… Conmigo fue muy generoso, me concedió sin reservas su tiempo al grado de que de todos los libros que publicamos, conocí dos versiones, la oral y la escrita. Me contaba detalladamente lo que iba a escribir, además me pedía mi opinión, pero sobre todo yo escuchaba. Cuando Cristóbal y yo terminábamos de leer sus escritos frente a él, nos preguntaba ‘Díganme que les parece, díganme que les vuelve locos”.

 

Fabrizio Mejía Madrid por su parte, dijo que las lecturas de Don Julio le recordaban dos cosas: cómo retrató el sexenio de Luis Echeverría como “Un momento clave para entender en un trazo la transformación de un político en México”, y la segunda, el estilo: creaba frases muy cortas y sencillas que tenías que releer por que sentías que se te iba algo.

 

“Toda obsesión es circular y toda voluntad es lineal y para tener una obsesión se debe tener voluntad”- citó Mejía Madrid a Scherer y luego afirmó “Don Julio era un cabrón, hizo un reportaje de su agonía”.

 

Rafael Rodríguez rememoró sus días de trabajo en Excélsior, en la década de los 70. Don Julio le daba a leer varias cuartillas a renglón seguido, con correcciones a mano a veces ininteligibles. Lo dejaba encerrado en su oficina y le decía “Chínguese Don Rafael” y cada cinco minutos regresaba para preguntarle si ya había terminado, hasta que después de un rato regresaba y se sentaba frente a el para preguntarle si ya se había vuelto loco. Al día siguiente regresaba con una versión nueva de lo ya escrito y le decía:

“Don Rafael, chínguese… Hice correcciones. No tiene nada que ver con lo que leyó ayer. Ahora sí lo volverá loco”. En efecto, estaba uno en riesgo de volverse loco.

 

“… a Scherer lo fascinaban el poder y los hombres de poder, y con frecuencia se le veía rodeado de ellos a cambio de información que reflejaba en sus libros de los cuales resaltó la importancia, sobre todo el de Los presidentes”, comentó Rodríguez para cerrar su intervención.

El periodista Jenaro Villamil habló de Scherer como un ser humano excepcional de gran inteligencia, dijo que pocos como él para hacer las preguntas más difíciles, las más incómodas, las que trabajaban en la naturaleza del ser, no sólo buscaba el chisme, la aberración, la anécdota, sino respuestas que siempre abrían a otras interrogantes.

 

“Investigar los rostros de la maldad, los límites a los que la naturaleza humana puede llegar en su ambición, en su delirio de grandeza, fueron el camino al infierno al que Scherer se adentró en nuestra Divina Comedia a la mexicana. La bondad no daba nota. La maldad nos abre las puertas a las compuertas de los secretos incómodos” – comentó.

 

También habló de su amistad y colaboración con Carlos Monsiváis, de sus libros y su largo y riguroso trabajo como reportero. “Así mismo su leyenda, así mismo su historia, que al final de cuentas es lo que se nos queda entre nosotros” – Finalizó.

 

Carmen Aristegui compartió unas notas escritas horas después de la muerte de Don Julio: “La noticia nos sacudió de inmediato, corrió por las redacciones de los medios de comunicación, y nos dimos cuenta que moría el cronista, el escritor más reconocido de México de las últimas décadas, el protagonista de las grandes batallas por la prensa crítica, de la prensa independiente en el tiempo de los autoritarismos peligrosos. Moría el cronista que sorteó junto con otros colegas el peor de los embates posibles en México del presidencialismo ultranza: El golpe a Excélsior operando desde la presidencia de Luis Echeverría”.

 

Aristegui resaltó que la historia se encargó de poner a cada quién en su lugar, “Echeverría vive hoy en las sombras” dijo. A raíz de su muerte y hasta la fecha la figura de Scherer se ha visto envuelta en reconocimientos de todas partes. “Julio Scherer, ya sin posibilidad de oponerse, muere en calidad de leyenda” – comentó.

 

Julio Scherer Ibarra, hijo del fundador de Proceso, se refirió a su padre como una persona excepcional, que muy a su pesar, se hizo notar donde quiera que se encontraba, un digno representante de su profesión.

 

“Para él y sus compañeros de trabajo el periodismo es y seguirá siendo responsabilidad hacia los lectores. Hoy más que nunca Proceso lleva en cada una de las siete letras que forman su nombre el espíritu de su fundador” – comentó.

 

También contó que su padre le enseñó que escribir significaba, en su código, mantener el equilibrio entre los vivos y todos los muertos que llevamos dentro. “Es así y sólo así como se garantiza la permanencia en el recuerdo” – citó a su padre.

 

Durante el homenaje, con la presencia de familiares, amigos y lectores, se proyectaron fotos del periodista, algunos de sus escritos de puño y letra y portadas de sus libros. Estuvo presente entre el público Elena Poniatowska, quien en alguna ocasión se refirió a Don julio como un parteaguas en el periodismo en México. Menos mal que Don Julio no estaba presente, de lo contrario, igual que sucedió con Juan Villoro en la presentación de su libro de cuentos en esta misma feria de libros, se hubiera tenido que ir caminando hasta la calle con sus lectores, ya que la pésima organización de la FIL Minería, dirigida por Fernando Macotela, no da para prever este tipo de actividades al final de las presentaciones. No queremos imaginar un incendio o un temblor, porque quien esto escribe no vio cómo salir entre el gentío y los stands en los pasillos, sino hasta que vio correr a Fabrizio Mejía Madrid en busca de un lugar donde pudiera fumar.